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Entrevista a Israel González Espinoza

Israel González Espinoza

Reportero nicaragüense exiliado en España nos habla sobre la situación que vive Nicaragua bajo el régimen de Daniel Ortega

¿Cómo vez desde tu perspectiva la situación de Nicaragua?

La situación de Nicaragua es sumamente crítica. A mi juicio, el régimen de Managua es el más opresivo de los gobiernos totalitarios de América Latina. La dictadura de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, desde 2018 han iniciado una escalada represiva contra la población en general, y en particular contra todo tipo de voz particular e institucional que se muestre disidente del discurso oficial.

Organismos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han expresado que desde abril de 2018 al menos, unos 355 nicaragüenses fallecieron en el marco de las protestas de 2018, que exigían la democratización del país y la salida del matrimonio presidencial del poder. La mayoría de las víctimas mortales se debieron represión del Estado ejercida por Policía y civiles armados al servicio del régimen. A esto se le suma la cantidad creciente de 200 presos políticos y 100 mil personas exiliadas tan solo en Costa Rica. Esto da cuenta que el problema nicaragüense no es solo político, sino ante todo, un drama humanitario preocupante mediante el cual un pueblo es sometido sistemáticamente a la opresión y la violencia desde el poder, donde las únicas salidas que quedan para las personas que deciden denunciarlo es la cárcel, el exilio o la muerte.

presos politicos nicaragua

Protestas por la libertad de presos politicos en Nicaragua Foto: Shutterstock

¿Cómo es la situación de la Iglesia Católica en Nicaragua?

La Iglesia nicaragüense, sus obispos, curas y religiosas están del lado de la gente. Denunciar las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen desde los púlpitos les ha valido recibir represión de la dictadura orteguista.

Según un informe realizado por una investigadora independiente, desde abril de 2018 la Iglesia ha recibido al menos 200 ataques entre los que se encuentra censura a medios católicos, acoso a parroquias, espionaje político, el exilio del obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez y más recientemente, la expulsión del ex-nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, de las hermanas misioneras de la Caridad y de las monjas mexicanas de la congregación “Religiosas de la Cruz”. A esto se le suma el encarcelamiento de 2 sacerdotes en casos con tintes rombambolescos y la casa por cárcel que tiene el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez.

persecución religiosa en Nicaragua

En menos de cuatro años, la Iglesia Católica en Nicaragua ha sufrido más de 190 ataques y profanaciones, incluido un incendio en la Catedral de Managua, bajo el régimen de Daniel Ortega.

Hoy, en Nicaragua, para el régimen ser católico es sinónimo de ser “subversivo”. Desde los medios oficiales y desde la Presidencia, Ortega y su señora alimentan un discurso de odio contra los religiosos que alimenta la animadversión de sus fanáticos contra la Iglesia. Esto alimentan un sentimiento anti-clerical que no se había visto en Nicaragua desde finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, durante la dictadura liberal de José Santos Zelaya. Hoy, podemos hablar que la dictadura de Nicaragua se confiesa “cristiana” pero confesa con sus actos guardar un profundo odio contra la fe cristiana.

¿Qué hay más adelante para los nicaragüenses?

El objetivo de la dictadura de los Ortega-Murillo ha sido empujar a la población a escoger una vía violenta para salir de su régimen. Esto daría cierto “margen” para legitimar el uso de la represión. Afortunadamente, esto no ha ocurrido. Es la primera vez en 200 años de historia que los nicaragüenses quieren apostar por una vía pacífica y democrática para salir del totalitarismo.

Evidentemente, que ante el marco represivo que se vive dentro de Nicaragua; es más necesario que nunca la solidaridad de los pueblos y países amigos. Al día de hoy, nadie a izquierda o derecha que se precie de ser un demócrata en América Latina debe dejar de condenar la tiranía de los Ortega-Murillo.

Si bien, la solución al problema nicaraguense está en Managua, tiene que existir un acompañamiento de las democracias latinoamericanas, de Europa y EE.UU. para que cuando se pueda abrir un escenario de transición (antes o después de la muerte del dictador) y la palabra pueda ser devuelta al pueblo mediante un proceso electoral democrático, amplio e incluyente con garantías y observación internacional.

Israel González Espinoza

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