Síndrome de Peter Pan

Ver El síndrome de Peter Pan se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales, y por el acompañamiento. La personalidad masculina en cuestión es inmadura. El sujeto crece, pero la representación internalizada de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo. Las características de un “Peter-Pan” incluyen algunos rasgos de irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, dependencia, negación del envejecimiento, manipulación, y la creencia de que está más allá de las leyes de la sociedad y de las normas por ella establecidas. En ocasiones los que padecen este síndrome acaban siendo personajes solitarios. Con escasa capacidad de empatía o de apertura al mundo de los “grandes”, al no abrirse sentimentalmente, son vividos como individuos fríos . Juzgar Todos los hombres se preocupan por encontrar la felicidad plena y la clave para encontrar está en la madurez. La madurez no es la llegada a una edad en la que se puede hacer lo que antes nuestros padres nos prohibían. Tampoco es una fase de la vida en la que se está más allá del bien y del mal. Ni mucho menos es la capacidad de ser inflexible, que nadie nos diga qué tenemos que hacer. La verdadera madurez consiste en la coherencia entre lo que somos y lo que obramos. Es vivir de acuerdo con nuestras convicciones, cumplir responsablemente todos los deberes que consciente y libremente hemos contraído (en nuestra vida familiar, en la vivencia de nuestra fe o en nuestra vida profesional). Ser maduro no significa no tener debilidades. Quien es verdaderamente maduro identifica cuáles son sus debilidades y se alejará de las ocasiones que lo inciten a faltar a sus deberes. Una persona es madura cuando busca la ayuda de los demás para crecer, aprender y saber reconocer sus propios errores. Corintios 1. 13, 11-12 Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño. Pero cuándo me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño. Así también en el momento presente vemos las cosas como en un mal espejo y hay que adivinarlas, pero entonces las vemos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido. Actuar En cierto modo podemos decir que todos los adultos llevamos un niño dentro, esto no es malo, sino todo lo contrario, nos da fuerza para seguir ilusionándonos por las cosas. El problema aparece cuando ese niño nos bloquea nuestra capacidad de asumir responsabilidades y de comportarnos con madurez. Lo primero que tiene que hacer, es darse cuenta que tiene un problema. Las conductas que se mantienen durante mucho tiempo son muy difíciles de corregir, lo ideal es que los padres de hijos que empiezan a manifestar estos síntomas de inmadurez actúen en consecuencia. Lo mejor es permitir que estas personas se enfrenten a la realidad por duro que pueda parecer y que asuman la responsabilidad de sus propias conductas.