Editorial

Inseguridad en templos, botín político 

La tremenda inseguridad de los templos de la Ciudad, es ahora botín de algo más valioso para Sheinbaum y sus ambiciones. Asegurar a la Iglesia en su apabullante camino a la presidencia.

Editorial CCM

La ola de asaltos a parroquias y comunidades católicas de la arquidiócesis de México generó muchas suspicacias por saber qué medidas se darían e impedir más agresiones. Tras saberse que al menos siete parroquias y templos, en la misma área al sur de la ciudad, fueron blanco del robo y otros delitos, la reacción en un comunicado de la arquidiócesis, sin firma o responsable, exigió el diálogo para encontrar cauces de seguridad e impedir eventos que pusieran en peligro la vida de clérigos y fieles.

De inmediato, ese llamado tuvo respuesta. El 1 de septiembre, un tuit de la Jefa de Gobierno presumió de un acercamiento del obispo auxiliar y vicario general de la arquidiócesis y del vicario territorial de la zona donde se han dado los asaltos, en una foto que reflejaba sonrisas y buenos entendimientos para impedir más asaltos.

De acuerdo con versiones dadas por algunos párrocos en la ciudad de México, tras este encuentro, el cual no se sabe a ciencia cierta quién lo propició, se recibieron llamadas de quienes se identificaron como autoridades policiales con el fin de reunir datos personales sin previo aviso ni anuncio de los superiores eclesiásticos. Pero esto sería el antecedente de “cuatro acuerdos” anunciados por el obispo Salvador González Morales fueron presentados como fruto del buen entendimiento: Reforzar comunicación, atracción de las denuncias por parte de la Fiscalía, análisis del entorno de parroquias y templos y el fomento de la denuncia. Nada nuevo bajo el sol.

Tras el encuentro de la Jefa de Gobierno con el obispo Salvador Morales, no pocos recordaron cómo la alcaldía Tlalpan atentó contra los intereses de la Iglesia al derruir una capilla en la demarcación y aunque después se demostró que eso fue un error que afectó el local, lo cierto fue la promesa incumplida de Sheinbaum denunciada por  la ciudadanía en 2018 que reclamó la falta por la construcción de un centro comunitario prometido por la alcaldesa de Tlalpan embarcada en la competencia por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

Sin embargo, debe advertirse que esta ola de asaltos más bien es la coyuntura perfecta de una relación necesaria para las autoridades de la Ciudad que ven en los clérigos a los aliados para sus ambiciones políticas.

Pero hay otro punto a destacar. Parece que la competencia por tener los favores de la Iglesia y al clero de la Ciudad en la bolsa de los políticos también despertó el interés de la alcaldesa de Cuauhtémoc quien presumió en redes sociales, su reunión “privada” con el vicario territorial de la cuarta zona, Federico Altbach, sólo ellos dos, sin ninguna otra autoridad eclesiástica, obispo o, al menos, algún canónigo del cabildo catedralicio, el inmueble religioso más importante en la demarcación con el fin deestablecer una coordinación en materia de protección del delito en las más de 80 capillas y parroquias que existen en la demarcación ante los hechos delictivos más recientes en iglesias localizadas en alcaldía del centro-sur de la Ciudad”,   reunión que podría generar duros reveses debido a la franca confrontación entre Sheinbaum y Sandra Cuevas.

En definitiva, los cuatro acuerdos de la Jefa de gobierno presumidos por el inocente  obispo auxiliar son, en resumen, la entrega de baratijas y espejitos a cambio de algo mayor. Vigilancia, entorno seguro, fiscalía activa y denuncias son obligaciones que están en la ley y no deberían sujetarse a la mesa. Por el contrario, lo que es una realidad, la tremenda inseguridad de los templos de la Ciudad, es ahora botín de algo más valioso para Sheinbaum y sus ambiciones. Asegurar a la Iglesia en su apabullante camino a la presidencia.

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