Editorial

“No es contra usted, presidente…”

El desarrollo sostenible de los pueblos exige que los recursos naturales y las personas sean tratados con respeto, no sólo como una mercancía que se usa y se tira, en una lógica de descarte y consumo: Cuando se habla de “medio ambiente”, se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita”. Proyecto Global de Pastoral

Editorial CCM

La semana de inauguración del controvertido aeropuerto internacional Felipe Ángeles, trajo consigo la singular denuncia que apuntó hacia otro de los caprichos del presidente de la República: El tren maya que cruzará toda la península de Yucatán. 

El quinto tramo de la vía no pasó desapercibido para un importante grupo de artistas, actores, influencers y activistas quienes impulsaron una campaña en redes sociales y medios denunciando la potencial devastación ambiental, especialmente cuando se encuentra amenazado uno de los principales sistemas de aguas subterráneas del mundo, el cual, afirman, tuvo una formación de más de dos millones de años. La campaña “Sélvame del Tren” es un llamado de atención sobre la defensa del medio ambiente y de los ecosistemas de esa parte del Estado de Quintana Roo cuando, en una decisión polémica, el gobierno de la República decidió cambiar el tramo de Cancún a Tulum para correr a ras de suelo.

Sin conocerse cuáles fueron las consultas o formas de adquisición de los terrenos para instalar las vías, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Territorial afirmó en enero pasado que el nuevo trazado de la vía no utilizó la expropiación inmediata y sí “procesos administrativos de expropiación concertados” para la adquisición de 198 predios en los municipios de Benito Juárez, Solidaridad y Puerto Morelos y tener la obra en el 2023, sin contratación de deuda o contratiempo financiero alguno.

La denuncia pública de los activistas e impulsores de la campaña “Sélvame del Tren” tiene fundada razón. Desde el anuncio de la obra, se ha venido cuestionando por los irremediables daños al medio ambiente. De acuerdo con la asociación Centro Mexicano de Derecho Ambiental, “el ferrocarril atravesará por la selva maya -segundo pulmón forestal de América Latina después de la Amazonia-, fragmentándola y causando impactos irreversibles a la vegetación, al suelo, al agua y a la biodiversidad”.

En una postura acerca del tren maya, publicada el 8 de junio de 2020, esa organización llamó la atención de lo que afirmó es una obra que transgrede los derechos humanos y no contribuye a fomentar el patrimonio cultural de la biodiversidad de las comunidades de la península argumentando varios riesgos que ya están afectando a los tres estados tocados por el paso del tren: Extinción de flora y fauna, generación de residuos sin los adecuados sistemas de captación, deforestación de miles de hectáreas, el agotamiento y explotación de la reserva geohidrológica de Yucatán, la fragmentación de la conectividad de los ecosistemas de la península y, en general, una desestabilización que pondría en riesgo una de las principales reservas necesarias para la mitigación del cambio climático.

En contraste, AMLO y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) apuntan con dedo flamígero hacia esta campaña al cuestionar: “¿Dónde estaban los pseudoambientalistas cuando hace años empezó la verdadera devastación en el sureste de México?”, y azuzando de nuevo la polarización y el odio, el recurso del gobierno es la denostación y descalificación asegurando, según la SEMARNAT, que el tren maya es “una obra emblemática de este gobierno que armoniza el desarrollo económico y social con la conservación de los recursos naturales…” y va más allá incluso cuando se apropia de los pensamientos y deseos de las comunidades cuando sostiene que esa obra “es un proyecto para la justicia social y ambiental en el sureste de nuestro país de la mano de las comunidades. Las personas de la región quieren y ven en el Tren Maya un camino de esperanza para su bienestar y felicidad en sus propias comunidades”.

Los obispos de México advierten de esta devastación de la Casa Común. No es de unos pocos días, en el Proyecto Global de Pastoral de mayo de 2018 PGP 2031-2033, apuntan las consecuencias de la degradación de México y del planeta al afirmar que “hay elementos esenciales para nuestra vida como el agua, el aire, el campo y la biodiversidad, que se están viendo gravemente dañados por una peligrosa contaminación que afecta a millones de personas… El desarrollo sostenible de los pueblos exige que los recursos naturales y las personas sean tratados con respeto, no sólo como una mercancía que se usa y se tira, en una lógica de descarte y consumo: Cuando se habla de “medio ambiente”, se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita”. (No. 134).

Sin embargo, para AMLO, esta defensa es instigada por conservadores y pseudoambientalistas. Convendría recordar cifras que nadie quisiera escuchar. México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para los defensores del medio ambiente. Según el Comité Cerezo, organización por los derechos humanos, de 2019 a 2021 fueron asesinadas 29 personas ambientalistas y defensoras del territorio que enfrentaron intereses de autoridades y caciques locales, de empresarios y grupos criminales. Por eso, las acusaciones desde el gobierno federal no convienen a nadie. “No es contra usted presidente”… Es por nuestro patrimonio y el ambiente.

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