Editorial

Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ¿Hacia dónde va la Iglesia?

¿Hacia dónde va la Iglesia? Si la apuesta del Papa Francisco va por esta parte del mundo, ¿Qué tenemos que recuperar para ser realmente el baluarte del catolicismo? Latinoamérica, una de las regiones más violentas, convulsas y expulsora de migrantes, es la potencia de la Iglesia que tiene a dos de los países más grandes en cuanto al número de católicos, y cuya inestabilidad y violencia, agobian a gran parte de la población. Además, es la región que crece exponencialmente en cuanto a las nuevas expresiones religiosas y de escepticismo y ateísmo.

Editorial CCM

A partir de este domingo 21 de noviembre, la Iglesia de México abrirá sus puertas a la reunión continental latinoamericana que pretende la apertura de nuevos caminos de fe y esperanza revitalizando el mensaje y espíritu de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe de Aparecida, 2007. La Asamblea será una reunión que, aun por las limitaciones de la pandemia, tendrá lugar por petición del Papa Francisco quien exhortó al episcopado latinoamericano a dar un impulso a la fe y, sobre todo, para ahondar en la sinodalidad como expresión de la Iglesia que camina hacia la celebración del año de la redención 2033.

Desde enero pasado, los trabajos en preparación a esta Asamblea Eclesial se iniciaron con grandes expectativas y retos. A lo largo del 2021, se han recogido las opiniones de muchas personas que activamente colaboran en diversas formas misioneras y de la evangelización, para suscitar la “conversión pastoral desde la vida discipular y misionera, movilizando a la Iglesia en América Latina y el Caribe hacia un renovado protagonismo de los bautizados”. La apuesta es tener respuestas pastorales que interpreten los signos de los tiempos, especialmente en la crisis que subsiste tras la pandemia y detener la degradación de la Casa común. 

En el documento preparatorio para el discernimiento comunitario, más de 70 mil personas en Latinoamérica expresaron sus puntos de vista ante las urgencias pastorales. Llama la atención cómo se plantea la necesidad de una transformación de las relaciones de poder y de la extirpación del llamado clericalismo al que considera un obstáculo relevante para una vivencia de modos relacionales evangélicos, acordes con el querer de Dios y que contradice la propuesta de una Iglesia sinodal. Varios factores han sido mencionados al respecto: la mentalidad clerical y de mal uso del poder que favorece relaciones verticales, abusivas, discriminatorias…

¿Qué nueva forma de clero se quiere con esta Asamblea eclesial? No es raro saber que en este momento se han dado más expresiones radicales en las relaciones eclesiásticas cuestionando cada vez más la autoridad y dirección de la Iglesia. Una percepción generalizada es la aparición de nuevos grupos que tiene a la cabeza a obispos y sacerdotes que desafían a las actuales autoridades y cuestionan a la llamada Iglesia sinodal al considerar que está fuera de las enseñanzas y magisterio eclesiástico, especialmente en temas morales y de doctrina.

Sin embargo, tampoco es desconocido que la actual formación del clero está a debate y se exhiben carencias. No sólo se trata de la falta de vocaciones, sino que las existentes no están formadas con la suficiente madurez e incluso los seminarios están favoreciendo ideologías nocivas haciendo una ‘cultura del descarte’ al Evangelio para ser suplantado por los nuevos catecismos ideológicos que anulan la Revelación y la tradición. Parece que este momento de la historia, la Iglesia va de extremo a extremo cuando el péndulo va del rigorismo escrupuloso a la laxitud exacerbante que impide el justo medio.

Con todo esto, ¿Hacia dónde va la Iglesia? Si la apuesta del Papa Francisco va por esta parte del mundo, ¿Qué tenemos que recuperar para ser realmente el baluarte del catolicismo? Latinoamérica, una de las regiones más violentas, convulsas y expulsora de migrantes, es la potencia de la Iglesia que tiene a dos de los países más grandes en cuanto al número de católicos, y cuya inestabilidad y violencia, agobian a gran parte de la población. Además, es la región que crece exponencialmente en cuanto a las nuevas expresiones religiosas y de escepticismo y ateísmo. 

La oportunidad de esta Asamblea eclesial consiste en que la Iglesia sea fiel al Evangelio sin dejar sus raíces y patrimonio cultural. Si este autoexamen no ayuda para transformar radicalmente los métodos pastorales para hacer de la Iglesia una comunidad más creíble, lugar de vida y oración, entonces la Asamblea será otro esfuerzo de miles de palabras en papel mientras se abre un abismo entre una sociedad cada vez más interpelante y una Iglesia que sólo vive de los buenos deseos.

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