Editorial

A los maestros con cariño

Con cariño a los maestros, a esos otros héroes, nuestro infinito agradecimiento.

 

Editorial CCM

El 15 de mayo, los profesores de México fueron celebrados, por segundo año consecutivo, bajo las peculiares formas impuestas por la pandemia. A través de la educación a distancia, alejados de las aulas, impedidos por las barreras sanitarias, las cuales aún se discuten para dar la mejor forma de regreso a las escuelas, miles de maestros cumplen con la tarea de educar adoptando recursos, creatividad e iniciativa para abatir, en la medida de lo posible, el rezago que ya impacta a los millones de estudiantes en el país.

Al darse la suspensión de clases a nivel nacional en marzo de 2020, los maestros y estudiantes asumieron de forma estrepitosa un nuevo modelo educativo que no estaba en manual o plan alguno. Salvo excepciones, la mayoría no tenía conocimientos de informática, herramientas digitales, pizarrones electrónicos, presentaciones o aulas virtuales. Los efectos de esta disyuntiva rompieron los esquemas tradicionales educativos.

Los reconocimientos de palabra para enaltecer la dignidad de los profesores no se dejaron esperar, más ahora para capturar al gremio magisterial como botín electoral del voto en bloque; sin embargo, ningún maestro tuvo garantizado algún bono o compensación económica por la inversión hecha en estos nuevos materiales que sustituyeron a cuadernos y libros de papel. Tampoco habrá subsidios para dotar de internet y conexiones a las plataformas de manera gratuita como parte de sus horas de trabajo frente a la pantalla. No se dieron menciones especiales ni agradecimientos en estos momentos de pandemia para docentes que salieron de los tradicionales esquemas para encontrar alternativas que permitieran capturar la atención de los alumnos a través de las pantallas, en el riesgoso mundo del internet donde, desafortunadamente, es muy fácil la dispersión y los riesgos para menores de edad.

A pesar de lo anterior, la pandemia y las restricciones sanitarias pasarán incalculables efectos en la educación de los millones de estudiantes. En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), la pandemia impidió a 8.8 millones de estudiantes, entre 3 y 29 años, a integrarse el curso 2020-2021 en escuelas públicas y privadas por falta de recursos familiares obligándolos a adoptar alguna forma de trabajo.

Por otro lado, la vacunación a los maestros, aunque parece estar garantizada, avanza lentamente ante el anunciado regreso a clases presenciales que parece estar a la puerta en el ciclo 2021-2022. En la escuela del México de la postpandemia, sin duda se verán los rezagos y retos que los maestros deben hacer frente. Para salir de la crisis económica, de valores, identidades y conflictos sociales que han desatado la relativización de la vida encumbrando la violencia en todas sus formas, la única manera se encuentra en la educación integral donde todos somos actores y donde, los maestros, son destacados agentes.

Como afirman los obispos de México en el mensaje Maestro: Constructor de esperanza, formador de corresponsabilidad y paz, “Los maestros necesitan más que vacunas que son sólo un punto de partida. Necesitan formación para acompañar la situación emocional y apuntalar el carácter de sus alumnos. Contar con los elementos para poder conducir el aprendizaje tanto en presencia como a distancia en forma simultánea, requieren de la comprensión y mutuo respeto de la autoridad, las familias y toda la sociedad”.  Si se ha dicho del personal médico que son los héroes anónimos, todos los días, a nuestros hogares, entra alguno para dar a los futuros ciudadanos “educación (que) es comunicación y crecimiento personal que se convierte en cultura”. Con cariño a los maestros, a esos otros héroes, nuestro infinito agradecimiento.

 

 

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