Editorial

¿Regresión al autoritarismo?

Preocupantes señales se han dado en los últimos meses del actual gobierno que hacen pensar en una estructura de poder cada vez más militarizado, incapaz de dialogar, omnímodo sin contrapesos. Al punto ha dado a otros representantes de los poderes de la Unión una parte en este banquete del poder para legitimar pretensiones que están dirigiendo al país a un punto que parecía superado.

Editorial CCM

En las décadas del partido único, el presidencialismo fue un sistema avasallante y omnipotente que todo controlaba. El Ejecutivo en turno se convertía prácticamente en un tlatoani-virrey que todo abarcaba con su poder sexenal. La democracia era una simulación. Cuando los electores iban a las urnas era prácticamente una simulación para poner papeletas en urnas opacas. El nombre del candidato era único, sin competencia y la división de poderes, una burla al sistema democrático para un país pretendidamente libre, pero colapsado en los hechos.

La lucha de miles de personas consumó la alternancia dando al país instituciones sólidas para la renovación de la vida pública. Y aun cuando poco a poco fueron madurando, se dio la posibilidad de que los electores eligieran por las vías legales y pacíficas, a las actuales ideologías políticas que pretenden una transformación de la vida pública, pero ¿hacia dónde?

Preocupantes señales se han dado en los últimos meses del actual gobierno que hacen pensar en una estructura de poder cada vez más militarizado, incapaz de dialogar, omnímodo sin contrapesos. Al punto ha dado a otros representantes de los poderes de la Unión una parte en este banquete del poder para legitimar pretensiones que están dirigiendo al país a un punto que parecía superado.

Tras la legítima aprobación en el senado de la República de la iniciativa que reforma diversas disposiciones y da una nueva ley orgánica al Poder Judicial, la presidencia de México no tuvo ningún empacho en dar estos atisbos de omnipotencia para meterse hasta las entrañas de la Suprema Corte de Justicia y contravenir la misma Constitución Política que juró guardar y hacer guardar, especialmente en un tiempo electoral en ebullición, aprovechando esta coyuntura para denostar y descalificar a los últimos institutos autónomos para amagarlos con su desaparición sólo por no estar alineados a la voluntad de la ideología política en turno. Incluso la prensa, opositores, activistas, periodistas o adversarios son puestos como “conservadores” siendo blanco de este desmedido poder que ya los amaga.

No obstante, es preocupante cómo el poder presidencial viene usando a las fuerzas armadas para introducirlos en tareas civiles bajo el pretexto de ser incorruptibles a través de ordenanzas anticonstitucionales. Como dio a conocer la organización Causa en Común a través del estudio Observatorio de la Guardia Nacional y la Militarización en México, publicado en octubre de 2020, a “partir de 2018, se incrementaron las designaciones de militares en puestos que corresponden a autoridades civiles… Hay, al menos, 55 elementos ocupando cargos civiles en el país” e inclusive, la disposición de información pública de estas dependencias es opaca y pocas veces se tiene respuesta a los requerimientos de transparencia.

Por eso, en el mensaje al Pueblo de Dios dado por los obispos de México al finalizar la 110 asamblea plenaria realizada del 12 al 16 de abril de 2021, los obispos de México externaron esta preocupación cuando “la recuperación del país se vuelve más compleja al encontrarnos en un período electoral que distrae la atención de los gobernantes y entorpece la aplicación de medidas que den respuesta a las necesidades urgentes del país: vemos con preocupación la creciente polarización de los discursos políticos; el alarmante índice de candidatos asesinados; regiones enteras bajo el yugo del crimen organizado; el maltrato a los migrantes y la militarización de las fronteras; la falta de cuidado de nuestra casa común; la amenaza contra las energías limpias; el escaso interés por el bien común y la verdad; las descalificaciones infundadas de las instituciones democráticas (INE) y los pocos acuerdos políticos que ayudarían a buscar juntos las respuestas que exigen estas graves amenazas”.

Alguna vez, el eterno líder obrero, Fidel Velázquez, dijo de un presidente: “Se merece todo. Hasta la reelección”. Justo a la mitad del mandato de la actual administración, el supuesto camino de una demócrata enseña ahora lo que quiere detentar con el poder: el autoritarismo populista.  ¿Qué sigue después? ¿Se merece todo? ¿Hasta la reelección?

 

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