Editorial

La Pasión terminó: ¡Ha resucitado!

¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”.

Editorial CCM

El gran trauma de la Pasión, lo que se preveía como el fracaso del anuncio de la Buena Nueva en la cruz, ahora tiene derroteros distintos, de alegría, contra toda opinión. Es la certeza que da fundamento a la fe de millones en el mundo: ¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”.

Es el anuncio de la Buena Noticia que hace nuevas todas las cosas. Cristo, nuestra paz, trae de nuevo la certidumbre de la vida que parecía machada, deshecha, clavada en la cruz hasta hacerla tan sólo un despojo que nadie reconocería.

Millones de creyentes en el mundo han celebrado este misterio que año tras año es renovado. Los templos volvieron a iluminarse con la débil llama de un cirio que, en conjunto, provocaron el incendio de la fe que, más que nunca, ahora es vital en estos tiempos confusos, de perpetua pasión, de dolor y oscuridad. Esta es la paradoja de nuestra vida.

México parece vivir en una perpetua pasión sin darse cuenta de que, al final, está el gozo de la resurrección que daría otro estilo de vida, una nueva forma de ser. No obstante, muchos se han quedado en el camino. Todos hemos sido parte en este profundo dolor que la pandemia ha traído a miles de hogares en el país cuando ya, quienes se nos han adelantado, no pudieron celebrar esta pascua con nosotros.

Pero el dolor no es sólo cuando el virus parece implacable sobreviviente que se niega a desaparecer. La pasión del pueblo de México parece extenderse con los miles flagelados por la violencia, cuando no se respeta la vida o bien, cuando la política y las elecciones parecen ser más verdugos que servidores. Nuestra Pascua ahora se introduce en un confuso momento electoral del que sólo nosotros podemos tener la solución cuando, por una elección responsable y en conciencia, podemos cambiar el rumbo de un país francamente fracturado, empecinado en la confusión, intolerante, despreciativo de la vida, relativista, de una República que, en lugar de ser transformada, está siendo gravemente degradada bajo ilusorios espejismos políticos que, en lugar de afianzar el bien común, sólo son placebos que no dan certidumbre del rumbo a tomar.

La Pascua llama a deshacernos de lo viejo como forma de liberación, de verdadera transformación no ideologizada. Provenimos del mundo de la política de las constantes promesas que sigue actualizando la actitud de Poncio Pilatos, lavándose las manos, por la muerte de los justos e inocentes. La política mexicana ha optado por esto, vivir a la manera de Pilatos, negándose a la verdad, sin darse cuenta que la tiene enfrente: El bien común para todos sin maniqueísmos conservadores y liberales.

Verdaderamente el Señor ha resucitado. Nos hace falta creer en su palabra. “No todo aquél que dice ´Señor, Señor´ es testigo de la resurrección. Mucho menos aquéllos que, desde la política, se empecinan a ver sus propios datos porque el pueblo vive perpetuamente crucificado, sea a la derecha o a la izquierda.

Sin embargo, todos tenemos responsabilidad. Dejarlo sólo a los gobernantes sería también lavarnos las manos. En principio, el creyente en la resurrección sabe que vive en una Casa Común. Cada uno debe creer efectivamente que la Pasión ha terminado. Cuando todos caminemos por sendas de justicia y paz, podremos decir: El Señor ¡verdaderamente ha resucitado! Eso mismo será el inicio de la resurrección de México.

 

Share:

Leave a reply