Editorial

Volver al rojo, desprecio e irresponsabilidad

No hay duda de que, desde el gobierno federal, la soberbia del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud es manifiesta. Desde antes de la aparición del caso cero, el funcionario ha dado señales erráticas, confusas, mensajes incoherentes e irresponsables despreciando a la enfermedad del covid-19.

Editorial CCM

La reversión del semáforo en el principal núcleo de población del país ha sido una decesión controvertida que pudo haberse tomado a tiempo, antes de que los contagios y hospitalizaciones llegaran a un punto crítico, ahora poniendo en serios problemas al sistema de salud y repercutiendo en la actividad comercial que podría llevar al desastre a miles de negocios por el cierre obligatorio.

Como “medida extraordinaria” desde hace tres semanas, el color naranja del semáforo se teñía de rojo al punto de resistir el cambio al nivel máximo de alerta epidemiológica que ordena el cierre de las actividades económicas no esenciales, excepto las de industria de alimentos, transporte, telecomunicaciones, energía, servicios financieros, producción y venta de medicamentos, sector de la construcción, talleres de reparaciones, refaccionarias, servicios tributarios y áreas necesarias para el funcionamiento del gobierno. Con el paro de otras actividades no esenciales, se podría afectar a 240 mil pequeños negocios en Ciudad de México, es decir, una pérdida por más de 48 mil 554 millones de pesos entre el 19 de diciembre y el 10 de enero de 2021.

Hay diversos factores para entender esta decisión que llega tarde. No hay duda de que, desde el gobierno federal, la soberbia del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud es manifiesta. Desde antes de la aparición del caso cero, el funcionario ha dado señales erráticas, confusas, mensajes incoherentes e irresponsables despreciando a la enfermedad del covid-19. Datos y conducta que comportaban más a los de un prestidigitador que los de un científico en base a las evidencias irrefutables que la enfermedad impactaría duramente al país.

Menospreció la enfermedad comparándola con una gripe menos delicada que la influenza hasta decir que era innecesaria la reconversión de hospitales, pasando por las subestimadas cifras de contagios; aseguró la inutilidad de pruebas e hizo malabares con el número de muertos. La situación actual ha puesto al gobierno federal contra las cuerdas. Las advertencias llegan demasiado tarde. No se puede renovar la confianza en base a las mentiras de meses atrás. Incluso hay peticiones en redes sociales para destituir al funcionario y fincar responsabilidad como potencial genocida.

Ahora, el cambio en el mensaje es drástico y tardío. La Organización Mundial de la Salud advirtió que México debería tomar las cosas “con seriedad”. Ya el 17 de diciembre, en conferencia de prensa, Mike Ryan, Director de Emergencias Sanitaria de la OMS, señaló que países como México, Brasil o Estados Unidos «nunca salieron en realidad de la primera oleada con cierto control» y podrían enfrentar, por lo menos, otros seis meses duros de contagios y defunciones a pesar de que la vacuna se ha comenzado a distribuir, pero insuficiente para cubrir a un gran porcentaje de la población.

Hay otro factor el cual no puede ignorarse: La irresponsabilidad de la población. Es evidente que muchos han actuado de forma tal que parece que la pandemia y el coronavirus son producto de la ciencia ficción o de teorías conspiracionistas. Es entendible que, en una economía tan golpeada como la mexicana donde el gobierno sólo dice repartir ayudas por programas sociales que no resuelven la situación de la pobreza, muchos deban salir a ganar el pan diario; sin embargo, un porcentaje elevado de la población actúa de forma altanera y egoísta, incluso desafían la situación organizando reprobables fiestas donde no son pocos los que se congregan. Esto es una desafortunada combinación, el desprecio individual por la pandemia y el discurso malintencionado de los responsables sanitarios nos mantienen ahora en un estado donde miles morirán y, para la autoridad, sólo serán frías cifras que pronto le será conveniente olvidar.

 

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