Editorial

Un nuevo presidente para Estados Unidos

Para México, el discurso de Biden aun es incierto. Su triunfo se alza sobre un brumoso panorama de la crisis postelectoral nutrida por el avasallamiento de la pandemia hasta ahora imparable. Las autoridades mexicanas aún esperan la “oficialización” de los resultados electorales. Y sí, es incierto para México salvo por una sentencia que parece no perder su vigencia aún cuando fue pronunciada por el Secretario de Estado en tiempos de Eisenhower: “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”.

 

Editorial CCM

Apenas confirmado el número de 270 votos electorales, el virtual triunfo del candidato demócrata, Joe Biden, pone fin a la aniquilada presidencia de Donald Trump ya muy lejano de conseguir los codiciados votos del colegio electoral, pero con más de 70 millones de sufragios, sin embargo, insuficientes para alcanzar al virtual presidente electo quien se llevaría una copiosa votación popular de más de 75 millones de votos.

Las reflexiones en torno a este proceso electoral han polarizado a la sociedad. El supuesto conservadurismo de Estados Unidos parece quedar atrás ante la decepción de la presidencia de Trump que no pudo hacer que América volviera a ser grande de nuevo. Las señales de recesión desde 2019 se agudizaron con la pandemia y los hogares norteamericanos tenían menos posibilidades de consumir incrementando los índices de pobreza por el escaso poder adquisitivo; en contraste, los afectados por el covid-19 se cuentan por millones y los miles de muertos desestabilizan cualquier forma de control al haberse minimizado las consecuencias de la pandemia impactando el sistema de salud estadunidense.

Entre otras causas, la derrota Trump parecía anunciada. El presidente hizo lo impensable al sembrar la duda con argumentos propios de los sistemas electorales del sur con acusaciones de fraude electoral sin decir quiénes o qué partes del sistema fraguaron tal manipulación de votos que prácticamente arrasaron con su pretensión a la segunda reelección.

Joe Biden se alza como alternativa del cansancio del sistema norteamericano agudizado en la breve presidencia del millonario Trump. No puede plantearse una idea del fin del capitalismo neoliberal con Biden, pero el electorado apeló por un golpe de timón ante una crisis arraigada en el sistema político, económico y social de la todavía superpotencia en la que viven más de 30 millones de pobres por debajo de los niveles elementales del desarrollo social debido al deterioro del empleo y desigualdad de los ingresos comparado con la distribución de la opulencia y riqueza.

En otro punto, esta elección demuestra en lo que piensan y creen los estadunidenses. A diferencia de nuestra idiosincrasia electoral y política, los candidatos tienen un capital importante en la religión y el apoyo de grupos más influyentes e iglesias para apuntalar la candidatura y eventual presidencia. Biden es católico de membrete, lo que no significa ser practicante de la doctrina, ha sido comparado con Kennedy como paladín del catolicismo en la Casa Blanca. Un oportunista mensaje del presidente de los obispos estadunidenses, apenas se conocieron los 270 votos electorales del demócrata, se afianzó en la fe del malogrado presidente abatido en Dallas y del cual se cumplirán 57 años del magnicidio el 22 de noviembre: Felicitamos al Sr. Biden y reconocemos que se une al difunto presidente John F. Kennedy como el segundo presidente de Estados Unidos en profesar la fe católica.

Para México, el discurso de Biden aun es incierto. Su triunfo se alza sobre un brumoso panorama de la crisis postelectoral nutrida por el avasallamiento de la pandemia hasta ahora imparable. Las autoridades mexicanas aún esperan la “oficialización” de los resultados electorales. Y sí, es incierto para México salvo por una sentencia que parece no perder su vigencia aún cuando fue pronunciada por el Secretario de Estado en tiempos de Eisenhower: “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”.

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