Editorial

Covid-19, una herida al corazón de la Iglesia

Un centenar de sacerdotes muertos por covid-19 es, en resumen, una tragedia.

Editorial CCM

Durante la asamblea plenaria anual del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), celebrada a través de los canales virtuales a finales de septiembre, los obispos del continente analizaron la situación pastoral de la Iglesia en medio de la pandemia del covid-19 y sus implicaciones para el futuro. Según las relatorías y el Informe anual del CCEE, la Iglesia católica sufrió la pérdida de, al menos 400 sacerdotes, la mayoría ancianos, quienes no pudieron superar esta situación de infección por el virus.

Los obispos europeos reunieron importantes datos a través de cuestionarios que las mismas conferencias episcopales nacionales recabaron para tener, de manera precisa, la situación de clérigos enfermos, cómo fueron emprendidos los procesos médicos para su atención y los desafortunados decesos. Según los datos proporcionados en las discusiones, las naciones con el mayor número de clérigos fallecidos son Países Bajos con 181, Italia con 121 y España con 70 víctimas. Otros países lamentaron también muchos decesos como Polonia con 10 sacerdotes; Bélgica 5, Ucrania 5, Irlanda 3, Austria 4 y uno en Lituania.

Para los obispos, la crisis está lejos de terminar; sin embargo, las conclusiones de la plenaria de prelados europeos determinaron que, gracias a los esfuerzos, trabajo y entrega de miles de sacerdotes, la Iglesia pudo acompañar y consolar a los más desprotegidos y vulnerables: “Fuimos testigos de la fragilidad humana. Tomamos conciencia de la necesidad de cooperar con todas las instituciones para el bien común”, concluyó la representación de la Iglesia de España, una de las naciones con más sacerdotes muertos en la pandemia.

Las lecciones de Europa podrían tener mucho en común con la situación de varios países americanos donde la pandemia está incontrolable. En México, la Iglesia ha desplegado esfuerzos e incluso hecho alianzas con empresarios para aliviar la precaria situación de millones afectados por la crisis derivada; su labor pastoral se percibe al lado de los más desfavorecidos; sin embargo, está golpeada seriamente.

El 10º reporte del Centro Católico Multimedial sobre clérigos y religiosos fallecidos por covid-19 ya consigna que más de un centenar de personas consagradas, entre los que están presbíteros, diáconos y religiosas, han muerto víctimas del covid-19. Los datos reunidos por el CCM dejan ver la situación rebasando incluso la dura problemática de otras naciones como España. El CCM ha advertido de la fragmentación de información y, sobre todo, del manejo de la crisis. Aunque la Conferencia del Episcopado Mexicano cuenta con programas de atención a la salud de los clérigos, no existe información suficiente para saber cómo y de qué forma se apoya a los más de 15 mil sacerdotes cuyo ministerio se presta en las 92 arquidiócesis y diócesis del país. A diferencia de Europa, la Iglesia de México vive de sus propios emolumentos y estipendios y el coronavirus ha golpeado seriamente su estructura financiera, esto también cimbra la salud y vida de los miles de sacerdotes. Por increíble que parezca, muchos no tienen planes o sistemas de seguridad social para afrontar una vejez y retiro con dignidad.

Un centenar de sacerdotes muertos por covid-19 es, en resumen, una tragedia. Sea uno sólo a más de una decena, los decesos en cada arquidiócesis y diócesis son muertes para toda la Iglesia. No son fallecimientos aislados. Esa será una de las tareas importantes de los obispos de este país para reflexionar después de este trance. La pandemia ha herido el corazón de la Iglesia en México.

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