Editorial

Iglesia mexicana y el nuevo comienzo post pandemia

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Esto lleva a preguntas ineludibles. ¿De qué forma una diócesis los cuida y asiste dotándoles de las suficientes prestaciones sociales? Sus mutuales y seguros, ¿son realmente efectivos para otorgarles las debidas orientaciones y enfrentar la enfermedad en caso de ser contagiados? Y el clero, ¿ha asumido responsablemente que, quienes son los primeros en cuidar de su propia salud son ellos mismos?

Editorial CCM

Del 4 al 19 de junio, los obispos invitan a una particular jornada nacional de oración por los sacerdotes mexicanos. A través de la Dimensión Episcopal del Clero, se quiere llamar la atención de los fieles a reflexionar sobre el papel de los presbíteros quienes “históricamente en el caminar de nuestros pueblos … han sido fundamentales para su progreso, muchos de ellos dejando y marcando de manera indeleble su vida en los diversos campos de la sociedad”.

De acuerdo con el Anuario Pontificio 2018, en el territorio nacional habían poco más de 15 mil 700 sacerdotes diocesanos en 18 provincias eclesiásticas. Fundamentalmente dedicados a la cura de almas, los presbíteros atienden a las comunidades en grandes y pequeñas comunidades a través de una estructura que ha puesto a las parroquias como los referentes clásicos de atención religiosa del segundo país con el mayor número de católicos en el mundo.

Sin embargo, la pandemia vino a trastocar la vida ordinaria de las parroquias en casi la totalidad de las diócesis. Se ha explorado poco sobre la situación tan difícil que algunos podrían estar pasando, en primera instancia, por la suspensión de los actos culto y de actividades catequéticas como formas de trabajo y principales fuentes de sustento no sólo de los presbíteros, también de cientos de empleados que prestan sus servicios. La pandemia ha llamado la atención porque son esas parroquias una de las principales fuentes de empleos que ahora se han ido acabado desde marzo pasado cuando se recomendó la dispensa del culto dominical. La merma de ingresos aún no se puede determinar con exactitud, pero algunas comunidades de los grandes núcleos urbanos han resentido de tal forma esta escasez de recursos que los pone en una difícil situación de virtual quiebra de la cual se tardará mucho en salir aún más cuando el retorno después del confinamiento será de manera escalonada.

La Jornada de oración por los sacerdotes es, de igual forma, ocasión para examinar cuál es el estado integral del clero. Esta convocatoria del Episcopado Mexicano no sólo es una forma de involucrar a los laicos, también es oportunidad para que cada obispo del país advierta cómo y cuáles son los medios que utilizan para ser cercanos a sus principales colaboradores. El examen requiere del reconocimiento sincero de las carencias para asumir retos que son impostergables si se quiere retomar “el nuevo comienzo” como genuina oportunidad que vea por el bienestar humano, espiritual, ministerial y económico de cada unos de los presbíteros.

Un aspecto esencial es el de salud del clero. En una gran proporción, los párrocos regulares son quienes están en la primera línea de batalla en una pandemia como las que nos sigue agobiando. Animando y consolando a las comunidades, ayudan, entregan bienes, oran y asisten a los enfermos. Según el Centro Católico Multimedial, han fallecido 20 ministros, entre sacerdotes, diáconos y una religiosa, a consecuencia del contagio y complicaciones del Covid-19.

Esto lleva a preguntas ineludibles. ¿De qué forma una diócesis los cuida y asiste dotándoles de las suficientes prestaciones sociales? Sus mutuales y seguros, ¿son realmente efectivos para otorgarles las debidas orientaciones y enfrentar la enfermedad en caso de ser contagiados? Y el clero, ¿ha asumido responsablemente que, quienes son los primeros en cuidar de su propia salud son ellos mismos?

La Iglesia católica, se ha dicho, es de las principales protagonistas en este momento de la historia, pero hay actores quienes interpretan diversos roles. Como bien afirmó el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el arzobispo Rogelio Cabrera López, durante una reunión virtual convocada por comunicadores católicos el pasado viernes 5 de junio, en torno al inicio de esta jornada de oración: “El Señor nos pide caminar en la estrechez de este momento” y vivir de “manera nueva” el ministerio sacerdotal. La pandemia no sólo trata de innovar en la pastoral virtual, es recobrar la genuina “creatividad del Espíritu”. Como bien lo acotó el arzobispo Cabrera, la pandemia ha puesto en crisis las seguridades de la Iglesia… ¿Qué es lo que Dios nos ha querido decir con estos hechos?”

 

 

 

 

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