Editorial

Atentado en la CDMX, la capacidad de terror del crimen organizado

Tres altos funcionarios están en la mira, esto implica la clara dirección en la cual se pretende enredar la paz y seguridad del país. El mensaje es el miedo.

Editorial CCM

El execrable tentado contra el Secretario de Seguridad Ciudadana de la capital del país descarriló el tren en el que venía el discurso de la autoridad sobre el control gradual de la violencia y el descenso en el número de delitos. El hecho ha suscitado las más variadas opiniones sobre el control y el papel efectivo de la autoridad en un hecho sin precedentes que hace pensar hasta qué punto hemos tocado fondo y sobre las garantías que la autoridad estatal ofrece a la ciudadanía, misma que, al final, es en donde repercute esta grave situación de inseguridad.

Esta degradación viene escalando desde hace tiempo. Administraciones antecesoras a la actual aseguraban que en la Ciudad de México no habría esa tremenda violencia como en otros Estados. Se desestimó la presencia de cárteles y grupos del crimen organizado, se insistió en el ficticio aislamiento de la Ciudad que soportaría cualquier tentativa de desestabilización, mientras en otras entidades bloqueos, amenazas, violencia y asesinatos son comunes y corrientes. Se aseguró mantener a raya a los cárteles, la Ciudad era una entidad blindada, al punto la mentira no pudo sostenerse más.

La mañana del viernes 26 de junio, el amargo despertar para un funcionario y escoltas fue el mismo para millones de ciudadanos. El increíble poder de fuego contra el encargado de la seguridad ciudadana es un mensaje claro sobre quién pretende mandar en el país. Debe admitirse que el crimen organizado sufrió golpes mortales poniéndolo como una bestia herida: el control y congelamiento de finanzas además de la aprehensión de sujetos cercanos a los capos y cabecillas ha desatado tal violencia que no da tregua ni en tiempos de pandemia, esos cárteles emplean estrategias de terrorismo y sabotaje para incitar la creencia del desvanecimiento e inoperancia de la autoridad. Incluso se especuló sobre videos y mensajes en los que los amos del crimen afirman que tres altos funcionarios están en la mira, esto implica la clara dirección en la cual se pretende enredar la paz y seguridad del país. El mensaje es el miedo.

Paradójicamente, la nueva normalidad resultó ser la vuelta a la realidad que no cambió. No obstante, la rápida eficacia para capturar a los presuntos responsables, las indagatorias cada vez descubren más el estado de putrefacción en el que vivimos, que viene desde antes de la 4T y ahora se incrusta de manera más demencial. Mientras las hipótesis se construyen sobre quiénes y porqué armaron un atentado de tal poder, la ciudadanía ahora tiene una percepción de más zozobra, vulnerabilidad y fragilidad que nunca. Todos los días, millones viven esa violencia de baja intensidad reflejada en atentados ordinarios y comunes que son nota policiaca, acostumbrados al dolor e indefensión. Aunque esto es el pan cotidiano, que la Ciudad de México vea cómo uno de sus más altos servidores sería abatido demuestra cómo pende una espada sobre la sociedad entera…

Ya en el Proyecto Global de Pastoral (PGP 2031-2033), los obispos católicos de México ofrecían un diagnóstico quizá evidente, pero profético. En ese documento de 2018 afirman: “Hoy vivimos situaciones que nos han rebasado en mucho y que son un verdadero calvario para personas, familias y comunidades enteras, en una espiral de dolor a la que por el momento no se le ve fin. Muchos pueblos en nuestro país experimentan constantemente la inseguridad, el miedo, el abandono de sus hogares y una completa orfandad por parte de quienes tienen la obligación de proteger sus vidas y cuidar sus bienes. Tal parece que esta situación de violencia ha rebasado a las autoridades en muchas partes del país, los grupos delincuenciales se han establecido como verdaderos dueños y señores de espacios y cotos de poder y, debido a la furia y a la capacidad de terror de muchos de ellos, han puesto a prueba la fuerza de la ley y del orden”. (No.56) Esa capacidad de terror y furia ahora desafía la capacidad del Estado entero, no sólo en la Ciudad de México.

 

 

 

 

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