Editorial

Los otros virus

violencia y pobreza

El covid 19 se levanta como una cortina de humo para ocultar lo indecible: levantones, secuestros, amagos, desapariciones, desplazamientos, hambre, asesinatos.

Editorial CCM

Mientras el coronavirus comienza a destapar la seria fragilidad de los sistemas sociales y económicos que llevarán a la pobreza a millones de personas, las consecuencias apenas comienzan a vislumbrarse en el impacto que, principalmente, la clase media tendrá que soportar y es un factor de riesgo por el número de pobres que ya se están generando en esta crisis.

Un reciente estudio del BBVA Research indica que entre 12 millones y 16.4 millones de personas estarán padeciendo los efectos de la pobreza, elevando la cifra de pobres en casi 60 millones y el estudio también estima que 12.3 millones de personas se integrarían a condiciones de pobreza extrema, es decir, el 26.6% de la población.

La Iglesia católica mexicana ha advertido del golpe tremendo de pobreza y hambre que millones resentirán tras el regreso a la supuesta “nueva normalidad”. Incluso en tiempo de confinamiento donde las familias resienten la falta de recursos por la carencia de fuentes de empleo e ingresos, la Conferencia del Episcopado Mexicano advierte que “el hambre ya ha tocado a muchas más puertas”.

Cáritas Mexicana tiene en sus manos la labor de ayuda y reparto de alimentos que ha superado cualquier expectativa. Sin duda es una importante válvula que deja escapar la presión social que, sin embargo, se acumula en otros sectores. Al 10 de mayo, la organización de caridad de la Iglesia mexicana donó 15 mil 720 despensas alimentarias con un valor de más 3 millones 144 mil pesos, pero la ayuda parece palidecer ante la ola de solicitudes de ayuda. De acuerdo con Cáritas, más de 18 mil solicitudes no pueden ser atendidas, prácticamente el doble, lo que refleja que el hambre y la carencia están creciendo de manera alarmante.

No es el único problema derivado del coronavirus. La crisis ha acendrado otros males que parecen escapar de las manos de los responsables con poder y autoridades. Recientemente, el obispo de Apatzingán, Mons. Cristóbal Ascencio, publicó una Carta Pastoral dirigida a todos los fieles de su diócesis señalando la dura situación de esa región de Michoacán. Incluso afirmó que el covid 19 se levanta como una cortina de humo para ocultar lo indecible: levantones, secuestros, amagos, desapariciones, desplazamientos, hambre, asesinatos. Y en afirma categórico: Las personas de esta diócesis siguen soportando el flagelo de esos virus letales que han sido opacados por políticas que los han ignorado… Al pueblo lo percibo abandonado a su suerte, como ciervo herido entre hienas, con la impotencia en las manos y el amargo sabor de la injusticia en los labios. Creo que sólo estando aquí, se logrará entender el porqué por más miedo que se intenta hacer llegar a las mentes y a los corazones por la pandemia del Covid-19…”

Los focos están encendidos. Y la realidad de Apatzingán parece replicarse en muchos puntos de la geografía nacional donde el vacío de autoridad no requiere de más demostraciones. Es hora de que las políticas públicas se asienten en esta realidad y no en lo que mejor gustaría escuchar y endulzar los oídos. Los hechos demuestran que “primero los pobres” queda en un tremendo dilema. Como bien afirma el obispo Cristóbal Ascencio, “otros virus” se han replicado en México… y con mayor ferocidad.

 

 

 

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