Editorial

El pico del contagio y el país surrealista

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Todos estamos en el mismo bote, es la misma barca. La amenaza persiste y no se irá haciendo que nuevos riesgos alteren nuestra forma de vida. Necesitamos control y disciplina.

Editorial CCM

 

Justo el 23 de marzo, la Jornada Nacional de Sana Distancia inició toda una serie de medidas para prevenir una escalada de contagios por coronavirus en México. En ascenso, las cifras oficiales son un estimado de lo que podría ser la realidad. Quizá jamás sepamos cuántos contagios hay, pero multiplicado por ocho habrían de llegar a casi 200 mil en todo el país, entre quienes reportan síntomas graves, aquéllos a los que el coronavirus es un simple catarro y muchos más portadores que van por el mundo contagiando a los demás sin saberlo.

En otros países, el confinamiento fue duro y ninguna persona, salvo para actividades esenciales, podía estar en la calle. Incluso fueron virales las experiencias de usuarios sorprendidos al ver en sus vecindarios animales salvajes que regresaron por sus territorios perdidos. Nadie se atrevía a desobedecer bajo pena de severas sanciones corporales y pecuniarias. Al borde del descontento, gente de distintas naciones salió a las calles para protestar contra esas medidas que según atentaron contra los derechos fundamentales, incluidos los de libre tránsito y de religión.

Sin embargo, México es un caso muy peculiar. El país cumple poco más de un mes en el que “Susana Distancia” se convirtió en guía anuncios de dispositivos móviles, radio y televisión para luchar todos juntos contra el “malvado coronavirus”. Y justo al inicio de lo que se prevé como los días más duros de la pandemia, erráticas y confusas señales aparecen poniendo en tela de juicio hasta la existencia misma de la enfermedad.

Mientras el presidente de México dice que la “curva se comienza a aplanar”, las redes sociales se inundan de testimonios de hospitales al borde de la capacidad o al punto del colapso. En noticieros nocturnos, los espectadores ven cómo personas en situación de calle están en plena agonía abandonadas a su suerte presumiblemente contagiadas. En otros, las agresiones a trabajadores de la salud causan indignación de la clase política mientras manifestaciones callejeras de médicos y enfermeras reclaman a políticos y autoridades mínimas consideraciones a su labor demandando el abastecimiento de insumos suficientes y de calidad para la protección personal y paradójicamente, en redes sociales, se publicitan aviones comerciales cargados con moderno equipo médico que nadie sabe con certeza a quién están beneficiando.

Hospitales son allanados por familiares desesperados quienes hacen lo que las autoridades no pueden y descubren el apilamiento de cadáveres al interior. Aún así, juran que el coronavirus es mentira e invención alegando teorías de la conspiración y de eliminación sistemática de la población por el control de recursos.

En el colmo, como si esto no fuera suficiente, decenas de ciudadanos se lanzan a las calles a formar largas filas para surtirse de cervezas a raíz del encarecimiento del producto por la parálisis de la industria. Si esto no es suficiente, la gente de las grandes ciudades sigue en las calles. No importa si se advierte que los lugares son de altísimo riesgo por contagios. Un cubrebocas es suficiente porque los mexicanos “somos inmunes”. De esa inmunidad, se debe sacar riqueza. Alguien gana con la pandemia y esos son quienes venden respiradores al gobierno a precios exorbitantes. No sería nada raro, otro caso de presunta corrupción, pero cobra singularidad cuando se sabe que, presuntamente, este nuevo millonario es el hijo de un alto funcionario quien libró acusaciones de enriquecimiento ilícito y ahora vive al amparo y cobijo del gobierno de la 4T.

Todos estamos en el mismo bote, es la misma barca. La amenaza persiste y no se irá haciendo que nuevos riesgos alteren nuestra forma de vida. Necesitamos control y disciplina. Ante el pico de contagios que se avecina, los obispos de México han reiterado un exhorto a “todas las personas y a todas las instituciones sociales a unir fuerzas y sobreponernos juntos a esta grave crisis, ofreciendo especial cuidado a las personas más vulnerables al contagio” (Cf. CEM. Mensaje al Pueblo de Dios, 24 de abril) y esta unidad debe vencer un agente más viral que el propio coronavirus al revivir lo que alguna vez se dijo de México, un país surrealista “al que se debe comprender desde el absurdo”.

 

 

 

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