Editorial

Semana Santa… Ayuda a tu parroquia

Quizá esté en nuestras posibilidades dar un poco de lo que tenemos a nuestros sacerdotes quienes, a pesar de celebrar en la soledad, continúan dispuestos a seguir animándonos para vivir este tiempo de salvación. Una ayuda económica o en especie, entregada directamente al párroco, hará más soportable esta contingencia. Así nuestra Semana Santa no será reducida al confinamiento y redes sociales… Habremos movido los hilos de la caridad como signo distintivo de los discípulos de Cristo.

Editorial CCM

Con la expansión del coronavirus, la Semana Santa en México y el mundo cobrará un particular significado. La Cuaresma tuvo esta afectación que, poco a poco, alteró su curso y parecía distraernos de los propósitos personales adoptados para la mejor vivencia de los misterios de nuestra redención.

Hasta hace unos días, las principales religiones no podían imaginar que los acontecimientos centrales de la fe estarían en riesgo. Al descubrirnos vulnerables, el tiempo cuaresmal se transformó en el #QuedateEnCasa para guardar el confinamiento en bien de la salud propia y cuidar a los demás de un potencial contagio. No todos han tenido la misma suerte y ahora, a lo largo y ancho del orbe, miles de personas se debaten entre la vida y la muerte cargando con la cruz del dolor y la enfermedad, asociándose a la Pasión de Nuestro Señor en este moderno calvario.

Sin embargo, además hay otras consecuencias que resultan dolorosas. Muchas personas vivirán la zozobra económica al haberse paralizado el ritmo y monotonía de la vida ordinaria. Estimaciones de la Cámara de Comercio y de Calificadoras internacionales indican que más de 250 mil empleos podrían desaparecer en México además de las pérdidas de hasta 28 mil millones de pesos diarios en la actividad económica. La peor parte la absorberán los pequeños negocios quienes viven al día, simplemente los efectos de la pandemia serán devastadores.

Lo anterior también está repercutiendo en muchas comunidades donde se manifiesta la fe de las diversas denominaciones religiosas. Por increíble que parezca, la Iglesia católica está enfrentando una de sus peores crisis que dejaría sin trabajo a miles. La vida de las parroquias de casi un centenar de diócesis del país ha quedado sin fieles y, en consecuencia, de los ingresos para salir adelante. Más del 90 por ciento de las ganancias de las iglesias vienen de las donaciones y limosnas. Al contrario de otros países donde se ven beneficiadas con impuestos especiales o subvenciones estatales, en el estado laico mexicano no hay otro tipo de ingresos que no sean de los mismos fieles. Con eso se pagan servicios, impuestos, salarios y obras de caridad además de mantener el culto vivo.

El confinamiento por el coronavirus suscitó una explosión de la pastoral virtual, pero esto es temporal y pronto volveremos a la normalidad. Y será muy duro constatar la terrible recesión que ya está encima. Sin embargo, todos podemos hacer las cosas diferentes para salir adelante echando mano de lazos solidarios. Todos tenemos carencias en esta contingencia, pero sabemos que la Semana Santa es oportunidad excepcional para reflexionar. En los signos de los sacramentos o en los elementos materiales, podemos contribuir a que el prójimo vuelva a tener seguridad o nuestras parroquias regresen desempeñar su labor como lugares de vida, de fe y esperanza.

Quizá esté en nuestras posibilidades dar un poco de lo que tenemos a nuestros sacerdotes quienes, a pesar de celebrar en la soledad, continúan dispuestos a seguir animándonos para vivir este tiempo de salvación. Una ayuda económica o en especie, entregada directamente al párroco, hará más soportable esta contingencia. Así nuestra Semana Santa no será reducida al confinamiento y redes sociales… Habremos movido los hilos de la caridad como signo distintivo de los discípulos de Cristo.

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