Editorial

Cuestan mucho… nadie les cree

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Los partidos políticos gozan de una pésima confianza de la ciudadanía y millones no logran tener identidad con los postulados ideológicos. La militancia es captada por promesas que muchas veces arrastran debido a pagos o dádivas momentáneas. No es raro que el registro de muchos militantes haya sido resultado de la entrega de despensas o premios que, sin duda, es la compra artificial de militancia.

Editorial CCM

Tras las denuncias ciudadanas al Instituto Nacional Electoral (INE) sobre afiliaciones sin consentimiento a partidos políticos, ese organismo autónomo estudió la realidad sobre la militancia. El objetivo fue verificar y depurar la lista de padrones de nueve partidos políticos nacionales sobre los millones de personas que dicen aceptar una ideología y de pertenencia activa a las filas de un instituto político.

Las cosas no parecen ser lo que los partidos afirman. En esta semana, la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos del INE detectó importantes irregularidades como nombres duplicados, registro de personas difuntas, ciudadanos que no están inscritos en el padrón electoral y hasta exmilitantes suspendidos.

En los padrones de los partidos fiscalizados, PRI, PAN, PRD, PVEM, MC, PT, Morena, Nueva Alianza y PES, casi 20 millones de personas estaban afiliadas; tras la revisión, la cifra reportó una sensible baja de 14.5 millones simpatizan con algún partido político. El PAN perdió el 46 por ciento de la militancia. Al reportar 704 mil 145 afiliados, el órgano electoral apenas pudo validar la autenticidad de 378 mil 838 simpatizantes.

Si en Acción Nacional las cosas son críticas, en los partidos políticos grandes la situación no es nada halagüeña. En el PRI, había poco más de 8 millones de militantes y sólo 6.3 millones fueron reconocidos. En esta sangría, el PRD pasó de 7.1 millones a 5.2 millones de miembros y Morena quedó en 319 mil 449 de los 496 mil 717 originalmente inscritos.

En contraste, los partidos gozan de las prerrogativas públicas que aún no merman a pesar de los criterios de austeridad para la vida pública. Sin cuajar, la pretendida reducción del financiamiento público a los partidos no parece reflejarse en la realidad cuando hay un presupuesto de más 5 mil 239 millones de pesos en el 2020, aumentando en 273 millones en relación con el año anterior. Las prerrogativas incluyen toda una serie de privilegios desde el sostenimiento de actividades ordinarias hasta el pago de franquicias postales y de actividades específicas en un año no electoral.

Los partidos políticos gozan de una pésima confianza de la ciudadanía y millones no logran tener identidad con los postulados ideológicos. La militancia es captada por promesas que muchas veces arrastran debido a pagos o dádivas momentáneas. No es raro que el registro de muchos militantes haya sido resultado de la entrega de despensas o premios que, sin duda, es la compra artificial de militancia.

Los partidos políticos son un atractivo negocio de prerrogativas con dinero público. Como institutos de interés todavía son de las mejores formas para acceder al poder de parte de la ciudadanía, sin embargo, si bien debe fijarse la lupa en el uso de recursos, uno de los aspectos a cuidar es el de la militancia cuyos números contrastan con la realidad. En el sentimiento generalizado, los partidos son grupos cerrados que protegen a cúpulas, castas o familias políticas que han hecho dinero fácil con causas que realmente no representan a millones. Tampoco es extraño pensar que un partido político es sinónimo de corrupción.

La Iglesia católica afirma que, en México, existe una “crisis de las instituciones de gobierno, gobernantes, partidos políticos y dirigentes sindicales”, que provoca la pérdida de “credibilidad entre los ciudadanos y a romper un tejido social endeble” (PGP 2031-2033, No. 60). Y los partidos no son la excepción. Cuestan mucho y nadie les cree.

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