Editorial

¿Salud para el Bienestar?

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Editorial CCM

Sin recursos o partidas presupuestales definidas, el Insabi nació con los riesgos propios, fruto de la inexperiencia e improvisación cuyo arranque se valdrá de los recursos del Seguro Popular dejando en el desamparo a los afiliados.

“Salud sin costo para todos”, por lo menos la administración actual ha trazado este ambicioso objetivo para beneficiar a personas sin ningún tipo de servicios o afiliación en las instituciones responsables de los tratamientos de enfermedades y el cuidado de los mexicanos. En 2017, el INEGI estimó que existían 102.3 millones de personas afiliadas a servicios de salud, el 82.7% de la población total. El 80.8% de los hombres están afiliados y en el caso de las mujeres, es el 84.5 por ciento. La cobertura de la población afiliada a servicios de salud pasó de 59.5% en 2009 a 82.7% en 2017 gracias al programa del Seguro Popular. De los 123.7 millones de personas en el país, 39.3% mencionó tener Seguro Popular y 36.3% IMSS, ocho de cada de diez personas están afiliadas a estas dos instituciones.

Desde el inicio de la presente administración, los señalamientos en contra del desaparecido Seguro Popular lo denostaron como un sistema inservible y que “nada tenía de popular”. Sin embargo, la cobertura en el número de afiliados y de enfermedades graves que requerían tratamientos especializados era garantizada por los subsidios gubernamentales y el fortalecimiento de los fondos de gastos catastróficos. El ejercicio de recursos era notablemente importante. De 2013-2017, el presupuesto ejercido aumentó en 4.1% en promedio anual al pasar de 66 mil 726 millones de pesos en 2013 a 78 mil 501 millones de pesos en 2017.

Sin embargo, los días del Seguro Popular estarían contados en el gobierno. La creación del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar -Insabi- tuvo serios cuestionamientos de parte de la oposición en el Congreso de la Unión debido a la ausencia de garantías en esta transición para garantizar y no interrumpir los tratamientos de los más de 50 millones de afiliados además de no tener claridad sobre el uso del fondo de gastos catastróficos.

Sin recursos o partidas presupuestales definidas, el Insabi nació con los riesgos propios, fruto de la inexperiencia e improvisación cuyo arranque se valdrá de los recursos del Seguro Popular dejando en el desamparo a los afiliados. Y eso ya se ve ahora. Por todos lados surgen las protestas de la desatención, la falta de insumos y el retraso de tratamientos a enfermos creando un serio problema de inestabilidad e irritación social.

Para el gobierno de López Obrador, recentralizar los servicios de salud es de las claves para que todos los mexicanos tengan servicios de salud a la manera de los países nórdicos. Los críticos del Insabi responden que es un retroceso que recuerda el burdo sistema de salud que imperaba, un aparato lento y burocrático que ponía a muchos enfermos en una situación desesperada. En esta nueva versión, el Insabi no parece ser la respuesta de continuidad y fortalecimiento del sistema de salud pública y más bien es una ruptura que se sume en la incertidumbre lejana del ideal de “medicinas para todos”. Son momentos en los que miles de trabajadores y pacientes del extinto Seguro Popular no tiene certeza ni respuestas. La salud no puede esperar. La enfermedad no conoce de ideales. Para el gobierno de AMLO y el Insabi, el primer paso está siendo muy doloroso.

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