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SCJN, ¿Hasta dónde llega la corrupción?

Medina Mora

“Es indispensable reformar y reforzar nuestros sistemas internos de combate a la corrupción en cualquiera de sus niveles entre esas medidas para enfrentar la molestia a que me he referido que tienen muchos ciudadanos”.

Editorial CCM

La renuncia del ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Eduardo Medina Mora, despliega una nueva página en la historia de las irregularidades y corrupción cuando el Poder Judicial es de los bastiones más cerrados, sus representantes intocables y menos expuestos a la caja de transparencia en el que la sociedad exige la rendición de cuentas.

Con privilegios y salarios “tolerados por el régimen constitucional”, los ministros de la Corte conforman ese círculo blindado de privilegios cuyo mandato se extiende por más de una década. En el juego del poder, la designación presidencial de los candidatos a ocupar un sitial en el Máximo Tribunal, representaría la protección de los intereses del gobernante en turno y del partido político que los ha impuesto. No sólo se trata de la camarilla de ministros que es de facto intocable; de hecho, investigaciones periodísticas han demostrado las redes de nepotismo que cobijan a familiares de jueces, magistrados y ministros; por otro lado, los desmedidos privilegios podrían contrastar con los ideales de austeridad de un régimen que pretende la sobriedad ante la apabullante pobreza.

De acuerdo con el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación 2020, el tabulador para la SCJN consigna el salario base de un ministro rondando en más de 650 mil pesos además de estratosféricos aguinaldos e inauditas compensaciones que un mexicano con el salario mínimo, jamás podría gozar en toda su vida productiva.

Sin embargo, el cuestionado Eduardo Medina Mora, cuya trayectoria es puesta ahora a debate, abre otro frente que era bien cubierto en esas sombras del privilegiado círculo. En 1994, la creación del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial de la Federación trató de ser la respuesta para salvaguardar la probidad, disciplina, autonomía e independencia de los individuos que conforman ese Poder. No obstante, la ciudadanía observa que la labor del Judicial es francamente lejana a los intereses de la sociedad y, prácticamente, es visto como poder omnímodo cuyas decisiones son de bajo impacto y ajenas a la vida ordinaria de millones de mexicanos. Una encuesta de noviembre de 2018, hecha por un diario de circulación nacional, señaló que el 31 por ciento de los encuestados confiaban “mucho o algo” en esa institución y por el otro lado, la cifra se dispara cuando el 63 de los encuestados dijo confiar poco o nada en la SCJN.

Recuperar la confianza es una de las tareas fundamentales, diría en junio de 2018, uno de los integrantes de la SCJN, Fernando Franco González-Salas, cuando instaló a varios jueces de distrito: “Es indispensable reformar y reforzar nuestros sistemas internos de combate a la corrupción en cualquiera de sus niveles entre esas medidas para enfrentar la molestia a que me he referido que tienen muchos ciudadanos”. Medina Mora abrió de nuevo este dilema en el que está el Poder Judicial, entre los privilegios, las tentaciones de la corrupción y la opacidad o responder a las necesidades de este tiempo donde el ejercicio del poder debe dedicarse al bien del pueblo y por el pueblo.

Y mientras el ministro renuncia para librar la declaración de procedencia y el juicio político por delitos graves, esa estructura se cimbra ante lo que podría ser el posible destape de intereses del poder político. Bien valen las palabras del Papa Francisco cuando se dirigió a jueces y magistrados el 3 de junio de 2016 al referirse a la vocación y misión esencial de los impartidores de justicia: Establecer la justicia sin la cual no hay orden, ni desarrollo sostenible e integral, ni tampoco paz social. Sin duda, uno de los más grandes males sociales del mundo de hoy es la corrupción en todos los niveles, la cual debilita cualquier gobierno, debilita la democracia participativa y la actividad de la justicia… A ustedes, jueces, corresponde hacer justicia… y les pido que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones. ¿Así o más claro?

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