Editorial

Un difícil panorama presupuestario para el 2020

No será un presupuesto fácil y evidentemente no hay cobija que abarque toda la cama. En estos malabares presupuestarios la apuesta es que pocos recursos lleguen a muchos bajo criterios de austeridad republicana. Sin embargo, este es el dilema de una economía sin ingresos, agresiva y hasta terrorista fiscalmente, cuando hace que su principal prioridad sea regalar recursos sin incentivar la forma para crearlos.

Editorial CCM

Este domingo 8 de septiembre, el Secretario de Hacienda y Crédito Público entrega al Congreso de la Unión el paquete económico 2020 en donde, entre otras disposiciones, se encuentra el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación, el dinero que se gastará para que este país siga en funcionamiento.

De acuerdo con el gobierno de México, se quiere de un presupuesto austero, apegado a criterios que sirvan para atender las necesidades de los más pobres. En su discurso político del 1 de septiembre en ocasión del primer informe de gobierno, López Obrador estimó que el Paquete Económico 2020 tendrá una fuerte reorientación del gasto en los programas que son verdaderamente significativos y de alto impacto social y económico, los programas sociales estrella de la administración consistentes en la entrega de becas, apoyos a grupos vulnerables o programas de desarrollo social y pensiones a los adultos mayores, uno de los mayores rubros en donde se va el dinero público.

No obstante, el dilema de las autoridades presupuestarias estará en la forma en la cual el gobierno deba tener mayores recursos sin recurrir al endeudamiento o a la creación de nuevos impuestos para estrangular a los contribuyentes que son quienes generan la riqueza de un Estado cada vez más voraz. Con un crecimiento económico prácticamente en cero, no hay otras formas de recaudar dinero si no es por una economía altamente petrolizada la cual, progresivamente, verá descender sus ingresos en la medida de que el petróleo ya no la eterna gallina de los huevos de oro como lo fue hace unas décadas. Justo el 1 de septiembre, se cumplieron 37 años del inicio de una crisis anunciada cuando la abundancia prácticamente se fue de las manos y comenzaba una de las peores catástrofes económicas para México.

Sin embargo, el panorama económico actual guarda sus justas dimensiones, aunque no deja de ser preocupante cómo se están dispendiando los recursos de un presupuesto qué prácticamente es imposible para todos las áreas urgidas de recursos. Si bien el presidente de México ha dicho que hay ahorros por más de 145 mil millones de pesos producto de recortes principalmente en la burocracia, insiste en que la mejor brújula para la asignación presupuestaria es la felicidad de la gente. Por ello es obviamente previsible que los ramos más favorecidos en el 2020 serán los programas asistencialistas del gobierno de la República y el fortalecimiento del cuerpo de seguridad preferido de AMLO, la Guardia Nacional.

Esto provoca el descuido de otros sectores en dificultades. Recientemente, en el marco de la reunión de presidentes municipales en Cámara de Diputados efectuada el 19 de agosto, las quejas recurrentes fueron la carencia de dinero y la falta de inversión en infraestructura que, prácticamente, ha dejado a municipios pobres del país a la deriva sumiéndolos en una crisis por la falta de desarrollo demostrando, además, la tremenda desigualdad donde el municipio más pobre subsiste con un presupuesto de 3 millones de pesos anuales que sólo servirán para mínimas obras socavando el bienestar humano.

Pero hay otros temas notoriamente castigados en el presupuesto como lo fueron en el 2019: el gasto de servicios médicos, el sector educativo, la cultura, el rubro de ciencia y tecnología mientras que otros permanecerían intocables como el dispendio a partidos políticos o las onerosas partidas al Poder Judicial de la Federación.

No será un presupuesto fácil y evidentemente no hay cobija que abarque toda la cama. En estos malabares presupuestarios la apuesta es que pocos recursos lleguen a muchos bajo criterios de austeridad republicana. Sin embargo, este es el dilema de una economía sin ingresos, agresiva y hasta terrorista fiscalmente, cuando hace que su principal prioridad sea regalar recursos sin incentivar la forma para crearlos.

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