Editorial

AMLO, primer informe… ¿Palabra cumplida?

AMLO llega a su primer informe con cuestionamientos que no abonan a la certidumbre de la llamada Cuarta Transformación. Haber cumplido compromisos políticos que dependen directamente de su poder, no necesariamente implica que millones de mexicanos estén en mejores condiciones después de anunciar el fin del neoliberalismo.

AMLO, primer informe… ¿Palabra cumplida?

Editorial CCM

Con buena aprobación del electorado, el Presidente de México llega a la rendición del primer informe sobre el estado que guarda la administración pública. Ya los spots de presidencia invaden tiempos oficiales de radio y televisión e incluso  publicidad pagada en medios electrónicos donde se hace recuento de los logros a nueve meses de su ascenso como titular del Poder Ejecutivo: Guardia Nacional, extinción del Estado Mayor Presidencial, disminución de salarios, fin de onerosas pensiones, becas para jóvenes, pensiones a los adultos mayores, millones de hectáreas de bosques recuperadas, tarifas congeladas de combustibles y energía, apoyos a los pobres, aumento del salario mínimo…

La comunicación de AMLO, como la de otros sexenios, pretende arrasar para convencer a la opinión pública de que la situación de México está mejor que nunca; el combate a la corrupción ha dado pasos agigantados y la grave inseguridad tendrá solución en fechas próximas, según el Secretario de Seguridad Pública.

Después de la hazaña de julio, como él lo define, a un año del triunfo electoral, el presidente rindió un informe de la victoria en la plancha de la Plaza de la Constitución: A 12 meses exactos de esa hazaña colectiva, estamos aquí para reafirmar nuestro compromiso de no fallarle al pueblo de México. Venimos a rendirles cuentas con absoluto apego a la verdad… En siete meses de gobierno se han cumplido 78 de los 100 compromisos que hizo al momento de asumir la presidencia de México, en el cambio profundo y radical.

En contraste, el primer año no podría ser el de la victoria como AMLO quisiera. Uno de los reclamos más airados es el de la violencia que lacera a la población entera. Siendo presidente electo, había prometido la integración de un Consejo de Paz para actuar, de inmediato, sobre este tema urgente. Con diálogos y reconciliación, se pretendió conocer las exigencias de la población de varios puntos del país; sin embargo, el naufragio fue el resultado. Al llegar al 1 de septiembre, queda a deber a los mexicanos y la violencia escala a niveles como nunca vistos.

No pueden quedar de lado las serias observaciones de organizaciones de la sociedad civil sobre programas sociales para bienestar de sectores vulnerables. El gobierno de la 4T no brilla precisamente por la transparencia. Según un estudio de Mexicanos contra la corrupción liberadoen la semana previa al 1 de septiembre, uno de los programas estratégicos de la administración, Jóvenes Construyendo el Futuro, carecería de los elementos para ser evaluado adecuadamente, un padrón irregular imposible de verificar y con evidencias de incurrir en subejercicios con la sospecha de eventuales reasignaciones de recursos a discreción del Ejecutivo.

Así, se suman las inconformidades laborales de policías federales, nulo crecimiento económico –que no preocupa al presidente- escasez de medicamentos en hospitales y clínicas, falta de obra pública y suspensión judicial de las emblemáticas obras de la administración, la ausencia de apoyos para los damnificados del sismo del 19 de septiembre y la reconstrucción de los Estados más golpeados por esas contingencias, además de los miles de personas paradas por la falta de empleo.

AMLO llega a su primer informe con cuestionamientos que no abonan a la certidumbre de la llamada Cuarta Transformación. Haber cumplido compromisos políticos que dependen directamente de su poder, no necesariamente implica que millones de mexicanos estén en mejores condiciones después de anunciar el fin del neoliberalismo. Si al principio, el Poder Legislativo metió el acelerador a fondo para entregar las reformas legales a modo, la presidencia debió actuar sin efectos paralizantes. La campaña se acabó, señor presidente. ¿Palabra cumplida?

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