Editorial

Golpe al corazón del matrimonio

La gravedad del asunto es que el Máximo Tribunal infiere que la infidelidad que lleva a las relaciones extramaritales está justificada porque se encuentra en la esfera de la autonomía, desarrollo de la personalidad y la libertad sexual que entraña la capacidad y la posibilidad de la persona de decidir autónomamente, sin coerción ni violencia y con pleno consentimiento, cómo, dónde, cuándo y con quién tener relaciones sexuales sin más limitación que contar con el acuerdo de la otra persona que participa en la relación.

Editorial CCM

No es falso decir que el matrimonio y la familia están bajo ataque al ser blanco de novedosas ideologías. Desde las que pugnan por el “matrimonio” real y posible entre personas del mismo sexo hasta los argumentos desacreditando el concepto de pacto y consorcio de vida para afirmarlo mejor como unión soluble y desechable conforme a los caprichos de las partes sin mayores consecuencias de derecho. En México, el matrimonio civil está cada vez más es erosionado en su naturaleza, como acto jurídico e institución.

El jueves 25 de julio, los ministros de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) pronunciaron una sentencia equivalente a una bomba en el corazón mismo de la institución matrimonial. Consecuencia de un amparo en revisión donde un quejoso pretendía la indemnización por daño moral en un asunto de infidelidad, la SCJN, bajo los argumentos de tutela de los derechos humanos al libre desarrollo de la personalidad y de libertad sexual, confirmaron que la fidelidad entre cónyuges es un mero acuerdo esencialmente moral en el ámbito privado de la pareja, respecto del cual tiene cabida la autonomía de la voluntad de los cónyuges para ser cumplido efectivamente o no.

En esencia,  la sentencia de la Primera Sala maquinó una serie de consideraciones que, contra la debida asepsia entre lo moral y estrictamente jurídico, apuntalaron prejuiciosas valoraciones al afirmar que la constitución de vínculos afectivos en las relaciones de pareja siempre conlleva el riesgo natural de que el amor o los afectos de uno hacia el otro desaparezcan y se produzcan conductas como la infidelidad que puedan causar dolor… pero que no son coactivas jurídicamente para exigir indemnización y la reparación civil por daño moral.

La gravedad del asunto es que el Máximo Tribunal infiere que la infidelidad que lleva a las relaciones extramaritales está justificada porque se encuentra en la esfera de la autonomía, desarrollo de la personalidad y la libertad sexual que entraña la capacidad y la posibilidad de la persona de decidir autónomamente, sin coerción ni violencia y con pleno consentimiento, cómo, dónde, cuándo y con quién tener relaciones sexuales sin más limitación que contar con el acuerdo de la otra persona que participa en la relación. En resumidas cuentas, la violación de este pacto de fidelidad es justificable porque es consecuencia del ejercicio de la propia sexualidad (que) debe contar con la protección y garantía de que en cualquier contexto tiene cabida el derecho de autodeterminación personal

Lejos de pretensiones moralinas, las afirmaciones de la SCJN son tenidas por argumentos jurídicos que en realidad son un mazazo que pretende acabar con el matrimonio civil. En nuestro sistema de derecho, todavía es visto como institución que, por el acuerdo de voluntades de los cónyuges -siempre hombre y mujer- se constituye bajo normas de orden público que deberían ser protegidas. Como tal, la fidelidad no es simplemente una cuestión sexual de libre albedrío que puede quebrantarse con la justificación de la libertad personal, es un deber que trasciende a los mismos cónyuges hasta la generación de las relaciones paterno-filiales.

Ante nuestras graves situaciones, los esfuerzos -aún del mismo gobierno- son por el rescate de la familia como grupo perdurable … característico de la especie humana. Sin embargo, la relativización jurídica del matrimonio la convierte en algo fácilmente desechable. Para los intérpretes de la Constitución en la SCJN, el acto formal entre un hombre y una mujer, jurídico, trascendente en la vida de las personas y con consecuencias de derecho, es absolutamente reducido a las puras conveniencias individualistas privilegiando la preponderancia del sexualismo disfrazado de libertad sin importar sean lesionados los derechos de los cónyuges, hijos e incluso sacrificando el bienestar de la misma sociedad, ahora en franco proceso de degradación que parece imparable.

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