Editorial

Cartilla moral, ¿Proselitismo evangelista?

CCM EDITORIAL

La Cartilla es el pretexto perfecto de lo que, dicen los especialistas, es consolidación de la protopolítica de la alabanza del evangelismo y la sumisión a un jefe natural carismático. Esto no es nuevo en Latinoamérica, pero en México comienza a ser signo que debe llamar la atención.

Desde su campaña a la presidencia de la República, López Obrador se hizo con el compromiso de moralización del país para mejorar todos sus aspectos sean públicos o privados. Incluso afirmó la República amorosa cuyo fundamento estaría en valores cercanos a la Sagrada Escritura.

El candidato de la coalición Juntos Haremos Historia llamó a un congreso para la redacción de una Constitución Moral, un código de indiscutibles fundamentos religiosos enraizados en el Antiguo Testamento. Al protestar como candidato del Partido Encuentro Social convocó a hombres y mujeres de buena voluntad a reflexionar sobre la ausencia de amor y la carencia de valores en México y dar alternativas para la moralización nacional.Desde el Antiguo Testamento hasta nuestros días, la justicia y fraternidad han tenido un lugar preponderante en el ejercicio de la ética social. En el Nuevo Testamento se señala que Jesús manifestó, con su palabra y obras, su preferencia por los pobres y los niños… Y para muchos, Cristo es amor…”, diría en campaña.

La convocatoria llegó en noviembre de 2018, antes de la toma de protesta de AMLO, para la redacción de la Constitución Moral. La así llamada Cuarta Transformación asumía la convicción de acabar con la corrupción como premisa para superar la decadencia del modelo neoliberal. Se trataba, por tanto, de impulsar “un conjunto de principios de convivencia cívica, a partir de respetos a la persona, a la familia, a la sociedad, a la patria, a la naturaleza y a la humanidad”.

Incluso las iglesias y grupos religiosos serían protagonistas en la refundación moral del país. Sus propuestas serían tomadas como parte de esta dinámica de reconciliación en donde no pocos dudaron de la vulneración de los principios de la República laica. La Iglesia católica estuvo dispuesta a colaborar con el Ejecutivo en este propósito. Sin embargo, el primer paso de esta Constitución Moral sería la difusión de la Cartilla de Alfonso Reyes, pensador liberal y creyente de la laicidad. El catálogo ético es quizá acorde con los mismos principios de la doctrina social cristiana y que, de alguna manera, son impulsados por el Papa Francisco: Respeto a la persona, a la familia, la sociedad, patria, a la especie humana y a la naturaleza.

Sin embargo, López Obrador necesitaría de ejecutores para transmitir el pensamiento de Alfonso Reyes y la Cartilla. El proyecto ético entonces se convierte en consigna política que se sirve de adeptos asociados a grupos religiosos de tinte pentecostal y evangélico. Para nadie es desconocido que, desde la presidencia de Felipe Calderón, los pastores de esos grupos han asumido liderazgos que vulnerarían la laicidad del Estado al ocupar puestos políticos, fundando partidos o, como ocurre en la 4T, en altos cargos directivos de la Secretaría de Gobernación, competente en materia de asociaciones religiosas y culto público.

Poniéndose a la disposición del presidente, la Confraternidad Nacional de Iglesias Evangélicas -Confraternice- es el brazo fuerte de AMLO para la difusión de su proyecto político moralizante a través de la Cartilla. Esto no es extraño particularmente en el contexto latinoamericano. Estas comunidades tienen un crecimiento apabullante y forman una especie de corporativismo de relaciones privilegiadas con el poder: Medios de comunicación, ejercicio de la función pública, bloques legislativos, influencia electoral que garantiza la cohesión y disciplina del voto evangélico.

Después de décadas, una parte de esos grupos está en total disposición consecuencia del cumplimiento de una especie de destino manifiesto divino realizado en AMLO. Tal disciplina, jamás cuestionaría las formas que la 4T usa para repartir diez millones de ejemplares de la Cartilla en velado y franco proselitismo.

Para la jerarquía católica, es incuestionable que México debe ‘levantar vuelo’ para superar la decadencia. En eso, afirman, estamos todos de acuerdo. Sin embargo, la línea que separa los negocios civiles de los religiosos parece disiparse generando el descontento de las grandes Iglesias. La Cartilla es el pretexto perfecto de lo que, dicen los especialistas, es consolidación de la protopolítica de la alabanza del evangelismo y la sumisión a un jefe natural carismático. Esto no es nuevo en Latinoamérica, pero en México comienza a ser signo que debe llamar la atención.

Sin lugar a duda, emerge esta fuerza de grupos evangélicos que tejen relaciones clientelares subordinadas al presidente y sus líderes, en el neoestado corporativista de la 4T. Es el ascenso del evangelismo político acreedor de privilegios simbólicos y hasta de jugosos beneficios por voluntad de Dios y gracia del Presidente.

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