Editorial

AMLO, primer año. “Me canso, ganso” …

El primer año de la 4T es duramente cuestionado. Organizaciones civiles cuestionan los métodos del populismo autoritario. Repletas de improvisaciones, las decisiones de gobierno van marcadas por la impericia y falta de visión política que tendrán consecuencias a largo plazo.

Editorial CCM

El primer aniversario de la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador será motivo de gran fiesta cívica y popular para recordar el arrasador triunfo del candidato de la coalición “Juntos haremos historia”. Hoy, el presidente de México tiene encima una serie de dilemas, contradicciones e improvisaciones, pero aún sostenido por una amplia popularidad. No obstante algunas difíciles situaciones como la crisis del huachicol o la furia desatada por el abrupto fin de programas de desarrollo social, la imagen presidencial tiene mucho empuje, es estimado y la gente, en un sentido amplio, le reconoce por ser honesto en su obstinación por hacer de México el país libre de corrupción.

Quizá la mejor conexión provenga de sus incansables jornadas que le hacen empático a millones de mexicanos. Subasta bienes del patrimonio de la administración pública para devolver al pueblo lo robado o tira los muros que antes eran infranqueables para millones. El antiguo centro penitenciario de Islas Marías ahora es espacio cultural o la residencia oficial de Los Pinos se abre en una especie de toma popular pacífica de un espacio secreto, antes impenetrable, del omnímodo poder presidencial.

Sin embargo, el primer año de la 4T es duramente cuestionado. Organizaciones civiles cuestionan los métodos del populismo autoritario. Repletas de improvisaciones, las decisiones de gobierno van marcadas por la impericia y falta de visión política que tendrán consecuencias a largo plazo. El desmantelamiento de la Administración Pública por la austeridad republicana ha dejado a más de cinco mil personas sin trabajo. Y aunque el presidente Andrés Manuel ha dicho que las acciones de su gobierno son necesarias para el resurgimiento de México debido al desastre neoliberal, no hay grupo social exento de las afectaciones por decisiones unilaterales: grupos vulnerables, burócratas, pequeñas comunidades, empresarios, profesionistas, amas de casa, han recurrido al Poder Judicial para revertir las arbitrariedades por juicios de amparo que se puede contar por miles.

Para el presidente de la República, todo está infectado del virus del neoliberalismo. El desprecio de los órganos autónomos es la muestra clara que, en la práctica, lo llevó a proponer candidatos mediocres para dinamitarlos. Con el Poder Legislativo bajo control del partido del presidente, la legislación se ha hecho a modo a fin de realizar lo que la tímida oposición llama delirios populistas de AMLO.

En un recuento, la asociación Mexicanos Contra la Corrupción e Impunidad, a través de una opinión de María Amparo Casar y José Antonio Polo, advierte “del del peligro que significa un gobierno que llegó al poder por la vía legal y con legitimidad electoral pero que habla, propone y actúa, colocando a la legalidad y a las instituciones en un plano secundario. Regresando a la metáfora, un gobierno que estaría dispuesto a quemar las naves que le permitieron llegar al poder. Lo anterior pudiera tener varios nombres, pero no serían los de institucionalidad, democracia o legalidad”.

Consultas a modo, decisiones unilaterales, desmantelamiento de las instituciones, militarización de la sociedad… Todo conduciría al colapso que pone en riesgo el futuro de millones. Al final es levantar el andamiaje para el poder perpetuo del Movimiento de Regeneración Nacional o del neomaximato de Andrés Manuel López Obrador. Me canso, ganso… es la metamorfosis de Al diablo con las instituciones, las que México decidió construir superando enconos y no pocos riesgos, todo para tener un equilibro en la justicia, la legalidad y transparencia propias del régimen democrático y del Estado de Derecho.

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