Editorial

Acuerdo México – Estados Unidos ¿Todos ganan?

Mientras la economía mexicana sea dependiente de la estadunidense, la actual administración tendrá escasísimo margen de maniobra llevándole a la aceptación de eventuales acuerdos leoninos aunque se presuman como victoria de los negociadores.

Editorial CCM

Tras los amagos de Trump para gravar las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos con aranceles del 5 por ciento, los negociadores del gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunciaron por fin la suspensión de las tarifas al haber aceptado condiciones para el tratamiento de migrantes y controlar su ingreso a territorio mexicano.

Previo a las negociaciones, el 30 de mayo, el presidente de México envió una carta a su homólogo estadunidense en la cual afirmó: Presidente Trump, los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas. ¿Cómo convertir, de la noche a la mañana, al país de la fraternidad para con los migrantes en un gueto, en un espacio cerrado donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se le cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío”.

Gravar las exportaciones mexicanas con aranceles hubiera sido de impacto tremendo para las empresas y consumidores de los Estados Unidos además de perturbar el ritmo de la economía mexicana debilitando, entro otras cosas, al peso. Por eso, hubo otro frente fue abierto tras bambalinas mientras se daban las negociaciones de alto nivel. Ese fue el de los empresarios y dueños del capital quienes no veían con buenos ojos las políticas proteccionistas de Trump que podrían desatar una guerra comercial; sin embargo, el pacto firmado es señal en la que México debe poner atención. Impedir aranceles fue un logro efectivamente, pero las consecuencias del acuerdo comenzarán a medirse en el corto plazo.

El despliegue de elementos de la Guardia Nacional, por ejemplo, es el primer punto por cuestionar. La flamante fuerza de seguridad ahora se ocupará de la vigilancia que impediría el ingreso a territorio mexicano de los migrantes. Será patrulla fronteriza y para eso no fue creada, haciéndose de tareas que no son estrictamente de su competencia mientras México sufre los peores índices de violencia en diversas regiones del país.

Por otro lado, la polémica consideración del “tercer país seguro” parece realizarse virtualmente hacia México. Por “razones humanitarias y en cumplimiento de sus obligaciones internacionales, autorizará la entrada de dichas personas mientras esperan la resolución de sus solicitudes de asilo” en Estados Unidos. La obligación de México será “ofrecer oportunidades laborales y acceso a la salud y educación a los migrantes y sus familias mientras permanezcan en territorio nacional, así como protección a sus derechos humanos”. ¿Estamos preparados para esto?

Tras las afirmaciones de que México y Estados Unidos gozan de una fuerte amistad que llevará a la creación de una gran zona de prosperidad para América Central, este acuerdo trae por consecuencia que alguno se lleva la mejor parte y otro, las cargas más onerosas. Demuestra además lo que siempre ha sido estrategia política de Trump: Hacer que todo coincida a sus propios intereses fincados en su ideal del proteccionismo chauvinista.

México debe aprender estas lecciones que no se resuelven solamente con frases encantadoras de dignidad patriotera y de soberanía además de recordar las buenas relaciones amistosas de Lincoln y Juárez. Mientras la economía mexicana sea dependiente de la estadunidense, la actual administración tendrá escasísimo margen de maniobra llevándole a la aceptación de eventuales acuerdos leoninos aunque se presuman como victoria de los negociadores.

Pero un tercer elemento aún está en juego y ese es el destino de los miles de migrantes que ahora tienen más piedras y obstáculos que vías de desarrollo. Al final, ¿Todos ganan?

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