Editorial

Semana Mayor ¿Qué clase de católicos somos?

Vale la pena reflexionar qué clase de católicos somos y hasta dónde tenemos en cuenta el verdadero sentido de la Semana Santa

Editorial CCM

Después de los 40 días cuaresmales, tiempo de penitencia y conversión, la Iglesia se prepara para la celebración de los misterios de la fe. La pasión y muerte del Señor dará paso al evento de la Pascua que afirma la revelación traída por el Hijo de Dios para la humanidad entera. En tiempos anteriores, Semana Santa era un tiempo ineludible de recogimiento que rompía con las actividades ordinarias y habituales, incluso al interior de las familias se consideraba llevar un régimen estricto y austero, de privaciones y retiro. Nada podía sobresaltar la solemnidad de esos días de guardar hasta la proclamación del Gloria en la Noche más santa de la cristiandad para anunciar el magnífico don de la resurrección.

Vale la pena reflexionar qué clase de católicos somos y hasta dónde tenemos en cuenta el verdadero sentido de la Semana Santa, no sólo como período de vacaciones estivales. Se ha dicho que México es un pueblo católico predominantemente; sin embargo, la última década muestra cómo han variado las costumbres en cuanto a la observancia de los ritos de Semana Santa, su importancia en la vida temporal y trascendencia espiritual y, en el fondo, la percepción de las personas en relación con su identidad católica.

En 2017, la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (RIFREM) publicó la Encuesta Nacional sobre Creencias y Prácticas Religiosas en México ENCREER/RIFREM 2016. Los resultados son reveladores en cuanto a la diversidad de ideas, creencias y, especialmente, la transformación de la población católica. La Encuesta referida consideró una muestra de tres mil personas seleccionadas aleatoriamente en 155 municipios de los 32 estados del país y en donde el 82.7 por ciento dijeron ser católicos.

Las conclusiones del estudio determinaron que, si bien México es país “mayoritariamente católico”, “mantiene una fuerte ritualidad colectiva ligada a la tradición con altos índices de participación en el culto a vírgenes y santos, con sus formas rituales sincréticas como son la fiesta, el altar, el peregrinaje y el sistema de mandas”.

La encuesta señala que los bautizados “cada vez se apartan más de la normatividad institucional prefiriendo identificarse como católicos por tradición” llevando la religión a su manera. El grupo católico es el más permeable a creencias y prácticas esotéricas como reencarnación, limpias, o rituales bajo sincretismo cristiano e indígena. Destaca además la disidencia “respecto a los posicionamientos conservadores de su jerarquía”, particularmente en temas de moral sexual. Las conclusiones del estudio no vacilan en afirmar que el catolicismo mexicano es pura expresión cultural basada en la tradición que no trae aparejado necesariamente la aceptación sincera o convencida de la doctrina cristiana.

La Semana Mayor nos sitúa en estas paradojas de la fe. El catolicismo mexicano es particularmente “analfabeto” en cuanto a la riqueza de la revelación hecha por Cristo, Hijo de Dios Vivo. Así lo reconocen los obispos de México al señalar que “Hay un analfabetismo religioso preocupante en un gran número de creyentes, permaneciendo en ellos una gran confusión y vacío en el conocimiento de las verdades fundamentales de su fe…” (Proyecto Global del Pastoral PGP 2031-2033, No. 80) En la próxima década, esta mutación religiosa podría ser irreversible. Aquí está en juego también la credibilidad de la Iglesia.

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