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Notre Dame: la esperanza sobre las cenizas

“Esta es la fe de la Iglesia”

Miriam Apolinar/ CCM

Ha vuelto la “calma” dentro de la siempre imponente Catedral de Notre Dame, que no necesita referente alguno, pues creyentes y no creyentes saben de la existencia del templo más importante para Europa y para la civilización occidental. Impensable e inimaginable era lo que ayer se presenciaba desde cualquier parte del mundo.
No se necesitaba estar presente físicamente, para constatar el dolor y la impotencia de ver cómo grandes llamaradas abrazaban este recinto, o lo que para muchos representa la Casa de Dios. No tardó en ser “trending topic” en todas las redes sociales, pues millones de personas se manifestaron para expresar su tristeza ante este lamentable y globalizado evento.
Fotos y videos comenzaron a compartirse por doquier, de quienes alguna vez tuvieron la fortuna de recorrerla y apreciarla en todo su esplendor, así como aquellos que lamentaron y lamentarán por no conocerla, pues ahora en adelante cobrará aun más el significado de poder contemplarla, pues ante lo que se veía catastrófico y perdido, resultó toda una enseñanza de fe y victoria, ante ese resplandor que destelló al abrirse la puerta que reveló la inmovible y petrificada Cruz victoriosa, que permanecía en pie sobre el altar, donde se confirma la fe de todo cristiano, “esta es la fe de la Iglesia”.
Lo interesante de esta tragedia colectiva, es que para los creyentes sabrán que Dios siempre saca algo bueno de lo malo, pues no cabe duda que este acontecimiento unió a propios y extraños, intelectuales y fieles, razas y creencias, y ese es el reiterado llamado que el Papa Francisco hace para unirse, velar y cuidar la casa común, y todo lo que en ella habita.
“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?”. Esta pregunta está en el centro de “Laudato Si’, la encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común.
“El arte, en la historia, ha estado solo en segundo lugar después de la vida de dar testimonio del Señor”, escribía el Pontífice en su mensaje a los participantes en la XXI Reunión Pública de las Academias Pontificias, asegurando que los artistas, especialmente aquellos que son creyentes, cumplen una tarea “importante y necesaria: crear obras de arte que porten, mediante el lenguaje de la belleza, un signo, una chispa de esperanza y de confianza allí donde las personas parecen ceder ante la indiferencia y la fealdad”.
Por ello, arquitectos, pintores, escultores, músicos, cineastas, escritores, fotógrafos, poetas y artistas de todas las disciplinas, están llamados a hacer brillar la belleza, especialmente allí donde la oscuridad o el gris dominan la vida cotidiana, exhortó en este mensaje el Santo Padre.
Y así después de la penumbra y tinieblas que se vivieron dentro de este majestuoso recinto se confirma lo que el Santo Padre pronunciará en este mensaje, “los artistas son los guardianes de la belleza, heraldos y testigos de esperanza para la humanidad”.
Esta Catedral, obra incalculable de arriba abajo y por donde se asome la vista, contempla la obra de cientos de artistas que tras los siglos han velado por la permanencia de este templo.
No cabe duda que el arte es lo que ha mantenido con vida al hombre y su armonía con Dios, pues contemplar el gran arte, expresión de la fe, nos ayuda, en particular, a redescubrir lo que importa en la vida. De hecho, el arte cristiano nos conduce a nuestro interior y nos eleva por encima de nosotros mismos: nos devuelve al Amor que nos creó, a la Misericordia que nos salva, a la Esperanza que nos aguarda.
Esa esperanza que permanece y que aguarda tan solo en el corazón de Quien ama a Dios.

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