Editorial

La reforma laboral que viene

LLa reforma laboral es vista como la panacea de todos los vicios de una estructura anquilosada, burocrática, engorrosa e impune.

Editorial CCM

La LXIV Legislatura del H. Congreso de la Unión quiere cerrar el primer año de ejercicio a tambor batiente con una reforma que impactará a la economía nacional y a millones de trabajadores al modificar el actual régimen consagrado en el histórico artículo 123 constitucional y la Ley Federal del Trabajo cuyo espíritu fue netamente social como conquista de la Revolución superando incluso a las mejores legislaciones laborales del mundo.

Las discusiones tienen por antecedente el cumplimiento del régimen transitorio de la reforma constitucional laboral del 17 de febrero de 2017; a lo anterior se adiciona el compromiso del Estado mexicano para hacer adecuaciones debido al marco del nuevo tratado de libre comercio que aún debe ser aprobado por los parlamentos de México, Canadá y Estados Unidos.

Otro aspecto es que los cambios desean superar instituciones de derecho laboral para la mayor libertad y democracia sindical, justicia, esquemas inclusivos además de nuevas formas conciliatorias para la resolución de conflictos que estaban en manos del Poder Ejecutivo -Federal y de los Estados- en las Juntas de Conciliación y Arbitraje, órganos señalados de dilatorios de la justicia, infectados de corrupción y manipulados por mafias para favorecer laudos en beneficio de poderosos sindicatos y de empresarios.

En junio de 2018, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía -INEGI- presentó importantes resultados en torno a la situación laboral del país. Contrario a lo que podría pensarse sobre la supuesta paz laboral, en 2017 “la evolución de los emplazamientos a huelga registró un crecimiento de 10.7% con respecto al año 2016, al pasar de 21 643 a 23 950 casos. Jalisco y México tuvieron el mayor número de emplazamientos a huelga (38.4%), aunque sin registro de estallamiento a huelga en el estado de México.

La reforma laboral es vista como la panacea de todos los vicios de una estructura anquilosada, burocrática, engorrosa e impune. Los especialistas coinciden en señalar que los vicios son “sistémicos” provenientes de “los malos incentivos que la propia ley provee y la impunidad para su aplicación”.

Quizá estos cambios sean los que incidan de manera directa en la vida de millones de mexicanos cuya situación de empleo sea irregular, injusta o esté en los linderos de la ilegalidad cuando, por el uso de argucias, se niegan sus derechos laborales y, en la práctica, son de imposible realización ante cualquier Junta de Conciliación.

Si la descomposición llegó a la justicia laboral fue porque, en el fondo, se toleraron figuras ilegales de contratación y los patrones tuvieron una colusión que marginó los intereses de los trabajadores. Hoy existen millones de contrataciones individuales en donde “se estira tanto la liga” que, en la práctica, son vulnerados los logros de la clase trabajadora: desde la carencia de un salario justo, digno y suficiente hasta la negación de la antigüedad, primas correspondientes, pensiones o las cotizaciones de seguridad social escatimando y anulando el futuro de la persona en la vejez, todo para proteger la avaricia de empresarios y líderes sindicales que se enriquecen a costa del talento y esfuerzo de la clase trabajadora.

La Iglesia católica enseña que el trabajo es “la actividad ordenada a proveer a las necesidades de la vida, y en concreto a su conservación” (León XIII. Encíclica Rerum Novarum). Y como bien afirma el magisterio católico: “La vía de las justas reformas … devuelven al trabajo su dignidad de libre actividad del hombre”. (Cfr. Juan Pablo II. Encíclica Centesimus Annus. No. 15). Cualquier reforma es insuficiente si no se tiene en el centro la dignidad de la persona y su sagrado derecho a un trabajo decoroso y mejor pagado.

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