Editorial

El pueblo mexicano también resucitará…

No hay nada más interpelante. Este país se desangra. El alza de la violencia parece no tener un pico inmediato para su descenso.

El pueblo mexicano también resucitará…

Editorial CCM

México vivió la pasión y muerte del Señor Jesucristo en medio de la dramática violencia y asesinatos que no dan tregua ni en los días santos. Relatar los hechos demenciales de sangre se extenderían sin límite para darnos cuenta de que, aunque se pretenda minimizar, la realidad está poniendo al país entero en una delicada situación en la que se ve comprometido el futuro.

Masacres, asesinatos… Es una Semana Santa que aún extiende la Pasión de Cristo en miles de personas que no tienen paz, viven en el miedo y no encuentran justicia, sólo impunidad. Lo que era un tiempo relativamente tranquilo y de descanso, de meditación y recogimiento, se convierte en el de fatal agitación donde ni a los niños se les respeta para correr la misma suerte, abatidos, yacientes en medio de charcos de sangre para ser parte de la estadística de los miles de muertos de este país en guerra no declarada.

No hay nada más interpelante. Este país se desangra. El alza de la violencia parece no tener un pico inmediato para su descenso. El viernes santo, la masacre de Minatitlán, Veracruz, quiso darnos una tremenda sacudida existencial que, desafortunadamente, parece quedar en un hecho más de sangre como muchos otros más en territorio mexicano.

Sin embargo, la violencia no pasó desapercibida para la Iglesia católica. Los ritos propios de este tiempo fueron válvula de escape hacia la esperanza para rogar a Dios por un nuevo tiempo de paz, de esperanza y de amor. En Morelos, la Iglesia de Cuernavaca realizó el tradicional viacrucis encabezado por su pastor quien caminó cada estación acompañando a las víctimas de la violencia quienes dieron a conocer inimaginables testimonios y episodios que oscurecieron su vida; en Xalapa, la Procesión del silencio se convirtió en gesto de clamor profundo cuando el arzobispo de esa Iglesia oró por los miles de desaparecidos en Veracruz; en Apatzingán, el obispo diocesano lanzó un mensaje para condenar la “profanación de los templos”, las personas asesinadas en su diócesis, urgiendo a la resurrección de la sociedad y en Puebla, el arzobispo urgió a la recuperación de la paz en un Estado agobiado por la inseguridad.

Por si fuera poco, las redes sociales también fueron canal para exigir el fin del derramamiento de sangre. El párroco de Minatitlán condenó la masacre del viernes santo donde murieron trece personas acribilladas, entre ellas un bebé de un año. Escribió en su muro de Facebook: “Hoy Cristo ha muerto dos veces”. Minatitlán (Veracruz) está de luto. Cristo hoy ha muerto dos veces, murió en la cruz y en las trece personas que trágica e inocentemente fueron asesinadas esta noche en una fiesta familiar, entre ellos un niño. El descaro del mal no tiene límites…” A esta expresión de dolor se unía el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano a través de un tuit por el que lamentó “profundamente la pérdida de las vidas en Veracruz, en este despiadado asesinato. ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen! Nuestro corazón está con Minatitlán. Que Cristo nos defienda y auxilie con su Sangre”.

Los anteriores son sólo unos ejemplos de los cientos de sacerdotes y obispos quienes, unidos en la Pasión del Señor, cuidan y consuelan a su rebaño en estos momentos aciagos. En la esperanza, la Iglesia católica sabe que el Señor no quedó en la tumba para ser presa de la muerte. La pasión de México no puede prolongarse por siempre. Su resurrección se proyecta en la vida de millones quienes creen en la paz prometida por el Resucitado, más poderosa que las armas de criminales, sicarios y cárteles.  Como escribió el obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas en su mensaje semanal: “Mientras esperamos que el Señor venga y calme la tormenta, con nuestro silencioso testimonio en oración, damos a nosotros mismos y a los demás razón de nuestra esperanza. Esto nos ayudará a vivir en la santa tensión entre la memoria de las promesas, la realidad del ensañamiento presente en la cruz y la esperanza de la resurrección”.

El equipo editorial del Centro Católico Multimedial desea a todos una Feliz Pascua. Que la paz del Señor resucitado sea con ustedes…

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