Editorial

Ayuda solidaria para México

A medida que pasan los meses, los flujos migratorios crecen y así las exigencias. Por lo que hace a los Estados Unidos, que sería uno de los aliados de México en este plan de desarrollo centroamericano, un gobierno que lo único que atina es la crítica denostativa y el cierre de las fronteras insistiendo en el muro.

Editorial CCM

El desplazamiento de migrantes por territorio mexicano es una crisis humanitaria. Lejos de cesar, el flujo de personas continúa y parece crecer semana tras semana. Son miles quienes intentan llegar a los Estados Unidos venciendo inverosímiles situaciones que les ponen en riesgo mientras la capacidad de las autoridades parece ser rebasada ante las elementales exigencias de los miles de personas para satisfacer sus necesidades.

La reciente “fuga” de centroamericanos de la Estación Migratoria Siglo XXI en Chiapas, el 25 de abril, dejó ver un capítulo más de esta crisis. Un comunicado del 22 de abril de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos señaló que “esa estación la autoridad migratoria informó que se tiene un registro de 2,331 personas alojadas, de las que 1,709 están en la EMSXXI y 622 fueron trasladadas al “Recinto Ferial”, no obstante, aún se observa sobrepoblación en dicha estación, pues su capacidad de alojamiento es de 960, por lo que este Organismo Nacional continúa dando seguimiento a las medidas cautelares emitidas por hacinamiento para evitar que tal situación se prolongue…”

Más adelante, el comunicado abunda: “En el acompañamiento y atención a las cerca de 3,000 personas migrantes que conforman la caravana localizada en el municipio de Escuintla, Chiapas, de las cuales casi 800 son niños, niñas y adolescentes acompañados, sin que se descarte que entre ellos algunos se encuentren no acompañados, se detectó la presencia de aproximadamente 50 mujeres embarazadas, que requieren un seguimiento a su estado de salud y constató que personal de la Policía Federal, Protección Civil, INM, Policía Estatal de Chiapas, y Sistema Municipal del Protección Civil de Escuintla, brindaron servicios y asistencia a los integrantes de ese flujo migratorio…”

El organismo reconoció la existencia de un gran número indeterminado de niños y jóvenes en las caravanas por lo que dio a notar la preocupación por la vulneración de sus derechos humanos.

Una de las promesas en el presente gobierno era la de otorgar visas de trabajo a los migrantes centroamericanos; otras más incidieron en planear una especie de “Plan Marshall” para Centroamérica con el fin de que los países del área tuvieran un resurgimiento económico y mejores condiciones de vida. El presidente de México incluso habría promovido reuniones con los representantes de El Salvador, Guatemala y Honduras para una agenda común trabajo en temas como el desarrollo económico y social.

A medida que pasan los meses, los flujos migratorios crecen y así las exigencias. Por lo que hace a los Estados Unidos, que sería uno de los aliados de México en este plan de desarrollo centroamericano, un gobierno que lo único que atina es la crítica denostativa y el cierre de las fronteras insistiendo en el muro. En esto México debe recobrar un liderazgo que no puede cerrarse en la seguridad de su espacio.

Sin embargo, la complejidad de la situación no parece tener soluciones inmediatas para ser resueltas simplemente con visas de trabajo yendo más allá de las soluciones locales.

Por lo pronto, la Iglesia católica se ha convertido en pieza esencial que ha volcado esfuerzos, estructura y capacidades en la atención del problema. Y el reconocimiento del Papa Francisco tuvo una singular demostración al aportar medio millón de dólares a la atención de las necesidades de los migrantes y la funcionalidad de las casas donde están albergados. Quizá el Estado mexicano debería también reconocer que, sin la Iglesia, estaría en un problema mayúsculo que le estaría rebasando por completo.

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