Editorial

¿Perdón histórico?

El perdón exigido por AMLO quiere cerrar heridas; sin embargo, estas demandas son el típico gesto del populismo histórico soliviantando el ánimo público azuzando el sentimiento de haber sido sometidos por “invasores criminales y genocidas” que aniquilaron el esplendor de antiguas civilizaciones mejores a las europeas

Editorial CCM

Airadas protestas y roces internacionales en una relación que tradicionalmente se mantiene en las vías de la amistad y respeto. Así fueron las reacciones del gobierno de España por las declaraciones del presidente de la República a raíz del envío de dos cartas, la otra de ellas al Papa Francisco, para pedir un supuesto perdón por los agravios y delitos cometidos durante la conquista hace 500 años en 1519-1521.

El 25 de marzo en Centla, en el marco de la conmemoración de los 500 años de la batalla entre chontales del actual Tabasco y los expedicionarios comandados por Hernán Cortés, López Obrador reafirmaría lo que provocó numerosos comentarios y opiniones: “Qué es mejor reconocer que hubo abusos y que se cometieron errores: es mejor pedir perdón y, a partir de eso, buscar hermanarnos en la reconciliación histórica”. 

Como se si se tratara de una encomienda legitimada ahora por el poder que se concentra en el presidente, las denuncias de asesinatos de “miles de personas durante todo este periodo, (donde) se impuso una cultura, una civilización sobre otra, al grado de que se construyeron los templos, las iglesias católicas encima de los antiguos templos de los pueblos prehispánicos (y) también se excomulgó a quienes son los padres de nuestra patria, a Hidalgo y a Morelos” son espetadas para que Felipe VI y el papa Francisco se unan a Andrés Manuel en su particular propuesta de reconciliación como si se tratara de algo que todavía lastima a nuestra nación producto del mestizaje ocurrido hace medio milenio.

Sobra decir que otros líderes y jefes de Estado han pedido similares gestos de perdón como fue la solicitud de Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, al Papa Francisco en 2017 para que la iglesia católica se disculpara por los abusos perpetrados contra indígenas. Otros también exigen la demostración de disculpas más bien en una especie de revancha que va más por el sometimiento que reconciliación anunciando la nueva manera de avasallamiento de la conciencia histórica.

El perdón exigido por AMLO quiere cerrar heridas; sin embargo, estas demandas son el típico gesto del populismo histórico soliviantando el ánimo público azuzando el sentimiento de haber sido sometidos por “invasores criminales y genocidas” que aniquilaron el esplendor de antiguas civilizaciones mejores a las europeas. En consecuencia, nuestro mestizaje sería el resultado de algo no querido que pudo haberse evitado. En este cometido, Andrés Manuel no pretende sólo una conmemoración sino arrobarse como el héroe de una nueva historia reivindicatoria en una especie de doblegamiento de los herederos de esas pretendidas culpas bajo la inocente máscara de la reconciliación.

Si hace 500 años, “la fe de los conquistadores, su sabiduría política de su misión imperial y la superioridad de la Iglesia parecía no tener límites”, según palabras el eminente historiador Hugh Thomas, lo de AMLO tiene precisamente el mismo efecto al otro lado del péndulo de la historia, pero parecería inútil. Como afirmó el obispo emérito de san Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, después de conocerse la existencia de las cartas al Rey Felipe VI y al Santo Padre, es mejor pedir “perdón también por nuestros pecados presentes, que son los que dependen de nosotros. En vez de seguir atropellando y discriminando a los pueblos originarios, démosles el lugar que Dios mismo les ha dado”.

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