Editorial

¿Se acabó la guerra contra el narco?

¿Qué trae de fondo el fin de esta guerra dicha por el presidente de México? Es claro que la violencia aún es altísima y aunque se presuma de un descenso de homicidios, la realidad continúa produciendo atrocidades indecibles.

Editorial CCM

Desde su campaña, el presidente de la República fue consistente en una promesa de amnistía y poner fin a la guerra contra el narco que, en más de una década, ha dejado miles de muertos y sume al país en la vorágine de la demencial violencia cada vez más descarnada e inhumana. El anuncio del miércoles 30 de enero “No más guerra” hace dudar a quienes dicen que la intención no tiene sentido cuando en México la tasa de homicidios es alta y hay regiones del país asoladas por el crimen. López Obrador fue tajante, poner fin a la persecución contra los capos y no desperdiciar los recursos del Estado en una guerra contra un dragón de siete cabezas. Diría el presidente: “No se han detenido a capos porque no es esa nuestra función principal, la función principal del Gobierno es garantizar la seguridad pública, ya no es la estrategia de los operativos para detener a capos, lo que buscamos es que haya seguridad, que podamos disminuir el número de homicidios diarios”.

En esta inversión de recursos, el Estado mexicano comprometió su poder y capacidad de reacción contra un enemigo invisible y presente. En la administración de Felipe Calderón se puso precio a la cabeza de 37 capos y 25 fueron capturados; bajo Peña Nieto, 122 eran “objetivo prioritario” y 110 fueron puestos a disposición de la autoridad. Lejos de propiciar la paz, la virulencia de los cárteles se exacerbó; las cabezas se fragmentaron en múltiples cárteles cada vez más despiadados y el poder del Estado prácticamente se desestructuró al punto del desgaste, la caída de la moral y carencia de mecanismos legales para que el Ejército tuviera un regreso progresivo a los cuarteles. De 2006 a 2018, hubo 274 mil 389 asesinatos y a enero de 2019, había 40 mil 180 desaparecidos de acuerdo con la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas.

¿Qué trae de fondo el fin de esta guerra dicha por el presidente de México? Es claro que la violencia aún es altísima y aunque se presuma de un descenso de homicidios, la realidad continúa produciendo atrocidades indecibles. Sin embargo, López Obrador parece generar este virtual armisticio unilateral para demostrar el inútil uso del poder del Estado que fue impotente para devolver la tranquilidad y la paz; no obstante, las cosas no se han transformado y la violencia sigue mutando. La apuesta del gobierno de México es otra y esto tendrá su pilar en una controvertida Guardia Nacional y a través de la Estrategia Nacional de Seguridad que al inicio del segundo período de sesiones ordinarias del Congreso de la Unión fue entregado al Senado para sus observaciones y eventual aprobación. Los ejes estratégicos tienen de fondo el combate a la corrupción y la creación de mejores condiciones de empleo y educación, pero el gobierno tiene como modelo aquel que puso fin a la prohibición cuando en la década de los años 30, el alcohol era proscrito en Estados Unidos. Para emprender la paz, primero se deponen las armas y luego hacer la pregunta como lo señala la Estrategia de López Obrador: ¿Qué ofrecer a los delincuentes para que dejen de delinquir?” Un aumento en la esperanza de vida… la posibilidad de llevar una vida tranquila y sin sobresaltos… la posibilidad de encabezar negocios reales y regulares y la respetabilidad social… “Ésta es la manera como actuó el gobierno de Estados Unidos en los años treinta del siglo pasado para acabar con las mafias que asolaban sus ciudades”. El problema es que en Estados Unidos 7 de cada 10 personas beben alcohol de forma regular. La riqueza de la superpotencia contrasta, según cifras de las Naciones Unidas en 2017, con los 40 millones de sus ciudadanos en pobreza, los 18.5 millones en pobreza extrema y 5.3 millones en condiciones de vida propias de países del tercer mundo sin exceptuar que el vecino país es campeón en drogadicción y degradación. Si este es el modelo, entonces la guerra en México seguirá tendiendo muchos frentes abiertos.

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