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¿Quién habla por los policías? – Editorial CCM

¿Quién habla por los policías?

Editorial CCM

 

Mientras los políticos debaten el papel de la policía o la militarización de la seguridad, lo único cierto es que, mientras no se dan soluciones efectivas, más y más elementos siguen cayendo al enfrentar a los enemigos más poderosos por su capacidad de fuego.

 

Después de las indagatorias, las conclusiones de los investigadores son las más precisas ante la ola de falsas hipótesis y suposiciones sin fundamento. El domingo 21 de octubre será una fecha donde pudo haberse dado una nueva agresión directa en contra de la persona de un cardenal de la Iglesia cuando un grupo de maleantes quiso tomar por asalto la seguridad de su casa con el fin de robarle; sin embargo, la acción de los guardias del domicilio tuvo un desenlace fatal. José Javier Hernández Nava, quien tenía 41 años y casi la mitad de su vida en la Policía Bancaria e Industrial (PBI), cayó abatido repeliendo la agresión contra la seguridad del arzobispo emérito, Norberto Rivera Carrera.

Las particularidades del caso conjugaron agresiones a personajes de dos grupos sociales de los cuales, en muchas ocasiones, no hay justicia expedita: elementos policiales y ministros de culto. Pocas veces se habla de crímenes contra policías. Sin datos específicos, las cifras son variantes a lo largo y ancho del país y la opinión pública no tiene certidumbre del número de elementos municipales o estatales, que han dejado este mundo al enfrentar al crimen o por resistir la ola de violencia en la República mexicana.

La ONG “Causa en Común” ofrece un seguimiento hemerográfico de policías abatidos en el año. Como reza la frase previa en la infografía para ingresar al recuento de policías caídos Estado tras Estado, “bien o mal preparados, los policías “son los encargados de protegernos y no podemos permanecer indiferentes”. Según la organización, en Ciudad de México, 16 policías han sido asesinados. En todo el país hay 334 elementos caídos y los Estados con el mayor número de agentes muertos son Guanajuato (60), México (35), Guerrero (33), Puebla y Veracruz (27). Otras cifras conocidas, gracias a solicitudes de transparencia, indican que en seis años han perdido la vida 295 policías federales y 18 están desaparecidos. Según los datos, del 1 de enero de 2012 a agosto de 2018 murieron en servicio 295 elementos federales; 251 eran de la Policía Federal y 44 de la Policía Federal Ministerial.  Guerrero es el más sangriento con una cuarta parte de los elementos asesinados. También repuntan los Estados de México, Guanajuato y Michoacán.

Cada día y con mayor frecuencia somos testigos de la falta de respeto a la autoridad de los policías cuando personas envalentonadas pretenden un falso e ilegítimo poder para interpelar y agredir a cualquier elemento. Agresiones y golpes, maltratos e insultos y hasta lesiones mortales son propinados mientras las víctimas, entre la espada y la pared, no pueden actuar ni en defensa propia al ser blanco de una sociedad que los tiene bajo la lupa misma que les paga, con mucha frecuencia, con el desprecio e incomprensión.

Mientras los políticos debaten el papel de la policía o la militarización de la seguridad, lo único cierto es que, mientras no se dan soluciones efectivas, más y más elementos siguen cayendo al enfrentar a los enemigos más poderosos por su capacidad de fuego. La carrera policial debe ser adoptada por cualquier joven como una vocación de servicio desinteresado donde se impone el respeto por la autoridad y el imperio de la Ley. La profesionalización es imprescindible y los policías deberían ser de los mejores pagados y dotados en prestaciones para ellos y sus familias; sin embargo, los políticos siguen regateando y, en muchas ocasiones, cada elemento debe ver las formas para pertrecharse de equipo y materiales debido a los malos manejos y corrupción de los altos mandos. ¿Quién habla por ellos?

Cada policía y elemento de seguridad pública merece un reconocimiento especial en estos momentos difíciles de nuestra historia. Y toda la sociedad debe luchar por darles mejores condiciones de vida, laborales y de seguridad social. Porque un policía “al cumplir el difícil deber, se expone a peligros y grandes sacrificios… Ellos son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos que contribuyen realmente al establecimiento de la paz”. (Juan Pablo II. Jubileo de los militares y policías. 19 de noviembre, 2000)

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