Editorial

EDITORIAL – Movimiento de regeneración

EDITORIAL

Movimiento de regeneración

 

Las lecciones del 1 de julio deben tomarse muy en serio por quienes ahora están por afianzar las riendas del poder. El pueblo, y los electores simpatizantes de otros partidos, dieron el voto para realizar un cambio que, en principio, debe atacar y desterrar la corrupción, fincar vías para la paz y poner fin a la violencia.

 

Con el triunfo del Andrés Manuel López Obrador, el electorado escogió una vía diferente a la de los partidos que venían alternándose el poder. La hegemonía en la presidencia del Partido Revolucionario Institucional poco a poco se colapsó desde la alternancia del 2000 y, si bien regreso por un sexenio considerado polémico, en naufragio y salpicado por señalamientos de corrupción, el pago de las cuentas fue demasiado caro el 1 de julio cuando el país prácticamente desterró del escenario político reciente al PRI que el año entrante cumplirá 90 años de fundación en 1929.

La derrota tiene diagnósticos distintos. Si bien la causa fundamental fue un voto de rechazo al sistema arbitrario de partidos, otros aspectos deben atenderse dado este declive de estrepitosas dimensiones. Los partidos políticos se constituyeron como refugio de castas y camarillas que se alternaban en el poder. Después del 1 de julio, estos errores costarán hasta la pérdida del registro en algunos de ellos.

El PRI volvió por fueros de antaño y el resultado derivó en las adaptaciones pragmáticas para tener a un candidato que no fue empático a las bases y a ciertos sectores de la dirigencia del partido que pierde el poder; su desempeño en el gobierno lesionó a millones y están en entredicho sus transformaciones estructurales; por otro lado, el PAN, con el abandono de sus cuadros y bases de militantes, puso en charola de plata la presidencia de la República a la izquierda. El tlatoanismo criticado por ese partido histórico tuvo raíces en la designación de un candidato que se hizo de las riendas por un golpe de estado ideológico al afianzar alianzas con otras estructuras incompatibles con el panismo. La obsesión y soberbia de su candidato derivó en este fracaso electoral.

Finalmente, el PRD, el gran partido surgido de la alianza opositora contra el fraude y aglutinador de las mejores mentes del pensamiento de izquierda se fragmentó en pedazos hasta ver el polvo. Su último recurso fue trabar un Frente el cual, se creyó, sería una aplanadora electoral que avasallaría el Movimiento de Regeneración Nacional, pero el PRD prácticamente está borrado del mapa político, languidece y hasta moribundo ruega por no desaparecer, ahora lamiéndose las heridas abiertas por sus alianzas que soterraron convicciones por ambiciones.

La alternancia que recayó en el Movimiento lópezobradorista tuvo su laboratorio perfecto en esta descomposición cuando los líderes abandonaron sus institutos. Lo mejor fue correr hacia quien podría obtener el triunfo y sacar raja de sus traiciones y del voto duro de la militancia que se pulverizó abonándole más de 50 millones de boletas a su favor.

El sistema de partidos políticos entra en una recomposición forzosa. Algunos lucharán por un comienzo distinto después de perder su registro; otros ni siquiera podrán levantarse de este gran golpe. No obstante, la historia nos enseña que, después de un descalabro viene otro. En la alternancia del 2000 el “viejo PRI” murió para el supuesto nacimiento del “nuevo PRI”, siempre fue lo mismo.

Las lecciones del 1 de julio deben tomarse muy en serio por quienes ahora están por afianzar las riendas del poder. El pueblo, y los electores simpatizantes de otros partidos, dieron el voto para realizar un cambio que, en principio, debe atacar y desterrar la corrupción, fincar vías para la paz y poner fin a la violencia. Los obispos de México lo advierten en su mensaje posterior a la jornada electoral: “Todos estamos llamados a colaborar, de forma positiva con nuestras autoridades electas… Ningún gobernante por sí mismo tiene todas las ideas y todas las soluciones. Es responsabilidad nuestra seguir participando cívicamente, siempre con respeto de los derechos humanos y del auténtico bien común”.

En esta alternancia no pueden cerrarse los ojos a la tremenda realidad del país y los favorecidos con el voto del pueblo tendrán una ineludible tarea para bien de todos los mexicanos: ser un auténtico Movimiento de Regeneración Nacional.

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