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Conociendo al arzobispo primado: La cómoda pastoral del decretazo

Conociendo al arzobispo primado:

La cómoda pastoral del decretazo

“El Señor Arzobispo está muy inquieto y  molesto por las noticias y ha expresado que si lo siguen haciendo van a ser suspendidos en el ministerio sacerdotal, no quiero que esto suceda y que, como Cuerpo de Cristo, no nos lastimemos…”

 

Guillermo Gazanini Espinoza /UICCM

La reunión del arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes, y el Consejo episcopal arquidiocesano plantea un tiempo clave para el futuro del Arzobispado, será “del 23 al 27 de julio una Semana de Planeación, por lo que piden a la comunidad católica elevar sus oraciones a Dios para que este encuentro traiga muchos frutos a la Iglesia que peregrina en la Ciudad de México”, según fue publicado en el SIAME.

En días anteriores se había especulado que el cardenal Aguiar habría de generar un “tsunami” de reformas, particularmente a mediados de julio, que llevarían a inminentes cambios para las diferentes pastorales de la Arquidiócesis. Al momento, y a pesar de haber faltado a la palabra empeñada el pasado jueves santo durante la misma crismal, se han echado andar unidades pastorales que parecen definitivas en las vicarías a las que les ha ordenado. Además, se han dado auditorías particularmente a potenciales parroquias de la futura y reducida Arquidiócesis de México y los cambios en la formación sacerdotal del Seminario Conciliar de México arrancan por las terracerías de la incertidumbre en lugar de tomar las avenidas de la certeza.

Al momento, el arzobispado no ha sido capaz de ofrecer el reporte de la situación de la Arquidiócesis encargado a la Consultoría EY (Ernst and Young), -Aguiar lo había prometido en julio- tampoco ha respondido a los justos planteamientos para saber cómo se ha realizado y cuánto costará a la Arquidiócesis. No se ha respondido a la delicada cuestión de las jubilaciones sacerdotales y, en materia de comunicación, estos dos últimos meses no han sido precisamente de ensueño cuando se cuestionó el presunto acuerdo con el SNAP-México y se presume la posibilidad, que ya se había explorado en este blog, de la desaparición del agonizante semanario Desde la fe para dar nacimiento otra publicación a la manera de revista.

A casi seis meses de la llegada de Mons. Aguiar están emprendidos los planteamientos de la división para desmembrar poco más del 40% del territorio arquidiocesano. Aún así, las pretendidas consultas no se han echado andar faltando también a la palabra sobre procedimientos transparentes que, sobre todo, estén en línea con el derecho de los fieles a ser cuestionados sobre las ventajas o no de emerger cuatro iglesias particulares en el mismo territorio de la Ciudad de México.

La semana de planeación se abre con más preguntas que respuestas. Conforme a la experiencia en otras diócesis que ha gobernado Mons. Aguiar, en este cónclave se podrían atender los planteamientos de los obispos auxiliares en cuestiones difíciles que, al final, serán simplemente respondidas bajo la óptica de un arzobispo cuyo método de diálogo es el de la imposición. Los diagnósticos arrojarán lo inevitable y potencialmente factible: cambios y traslados de párrocos saltándose las designaciones del anterior gobierno arzobispal puesto que ahora serán a beneplácito del corazón el cardenal realizando remociones y jubilaciones. Será la “nueva imagen de parroquia” donde los predilectos serán formados en cursos les generen el convencimiento incondicional de las transformaciones de Carlos Aguiar como las mejores para dejar atrás más de dos décadas de camino sinodal y de Iglesia en estado de Misión Permanente.

Sin embargo, posiblemente estará en esas planeaciones del Consejo episcopal y del pastor otra causa que aceleraría este movimiento y remoción de párrocos. Esto es la administración de los sacramentos de iniciación cristiana que Aguiar Retes pretende para el Arzobispado a través de etapas escolarizadas dilatando la edad de los niños para recibir la primera comunión y la confirmación.

Un “fuerte llamado” vino desde la IV Vicaría de pastoral cuando su auxiliar ha obtenido “noticias fidedignas” de la administración de sacramentos en “contravención” de lo señalado por el Arzobispo Primado y de los obispos diocesanos vecinos “pues se altera y corrompe la pastoral orgánica de cada iglesia particular”. El comunicado comenzó a circular recientemente y está fechado en la Ciudad de México, el 27 de junio. En la práctica, fieles de otras iglesias aledañas a la capital han solicitado estos sacramentos en virtud de que en la Arquidiócesis de México han encontrado trámites más viables, además de estar en apego con las edades respectivas de discreción, en torno a los siete años para la primera comunión y a solicitud de los padres quienes tienen el derecho más inmediato de formación de sus hijos. Pero esta situación tiene orígenes más escandalosos que la simple molestia de un obispo.

Un decreto del 18 de julio, firmado por Carlos Aguiar como administrador apostólico de Tlalnepantla, dio cuenta de una reunión sostenida el 18 de junio, “con todos los obispos de las diócesis que conforman las provincias de México y de Tlalnepantla”, (en la que) se establecieron “criterios comunes para propiciar la adecuada promoción de una acción pastoral que sea conjunta y que sea expresión de la espiritualidad de la comunión…” Estos criterios imponen las catequesis escolarizadas a partir del curso 2018-2019 donde la primera comunión se otorgue a los 9 años y la confirmación a los 12.

Como puede observar el lector, las consecuencias son evidentes especialmente para los padres de familia de quienes no se sabe cuáles son sus necesidades reales y qué inversiones han realizado para sus hijos en próximos cursos. Con razón, el obispo de la IV vicaría acusa a su presbiterio de cometer “acarreo” de niños. Lejos de ayudarles, dice el comunicado, “damos una idea errónea” de la vida cristiana y se lanza con todo para hacer culpables contra todo principio de presunción de inocencia: “Los invito a no ser cómplices de simulación y simonía ni de división eclesial” para rematar con la sentencia: “El Señor Arzobispo está muy inquieto y  molesto por las noticias y ha expresado que si lo siguen haciendo van a ser suspendidos en el ministerio sacerdotal, no quiero que esto suceda y que, como Cuerpo de Cristo, no nos lastimemos…”

Planteadas las cosas, los derroteros de la semana de planeación son evidentes. De nuevo, las promesas de diálogo y escucha que Mons. Aguiar propuso al momento de su designación se ponen en entredicho demostrando que, por un lado, los mejores recursos del cardenal son la inquietud y molestia que amenazan con la suspensión de sus colaboradores… Y sólo para escuchar a quienes endulzan sus episcopales oídos. Pero también muestra que la realidad de la arquidiócesis de México agarró “con los dedos en la puerta” a un arzobispo que no ha tenido la capacidad de armonizar ni el carisma para hacer camino con sus colaboradores justificando en el exterior lo que no ha podido realizar en el interior: Convencer.

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