Editorial

EDITORIAL CCM-¿Elecciones en Riesgo?

EDITORIAL CCM-

¿Elecciones en Riesgo?

 


México enfrenta el proceso electoral más violento de su historia.

 

Denostaciones, encono, furia, desconfianza, violencia… esos son algunos de los adjetivos del proceso electoral 2017-2018 que tendrá el clímax principal a una semana cuando 89.3 millones de electores estén convocados al momento esencial que dará nueva configuración al mapa político de México. Vale le pena recordar lo que se juega: un cargo a la presidencia de la República, 500 curules en San Lázaro, 128 escaños en el senado, 9 gubernaturas, 16 alcaldías en Ciudad de México, 972 diputaciones en los Estados, 1596 presidencias municipales, 1664 sindicaturas, 12 mil regidurías y 1400 diferentes cargos locales. Esa es la constelación de cargos en esta competencia.
El momento político no es menor especialmente cuando asistimos al crecimiento de actos violencia. Como en ninguna otra elección, el asesinato de 115 políticos de distintas extracciones partidistas enciende focos rojos ante la influencia del crimen organizado que trata de imponer su ley para manipular por el miedo e imponer candidatos a modo. Esto no es cosa aislada o menor, de acuerdo con la consultora Etellekt, 268 municipios estarían bajo la “influencia electoral” del crimen organizado, es decir, más del 10 por ciento del número total del país.

No solamente se trata de lamentables atentados contra vida e integridad de políticos además del poder del crimen organizado sobre los perfiles de candidatos a votar. En este proceso hay otros elementos que empañarían la jornada electoral. Según el reporte “Riesgos del Proceso Electoral 2018 y Problemas de Gobernabilidad” de Integralia consultores, publicado el 19 de junio, “se presentan 20 riesgos que pueden impactar la equidad y certeza del proceso electoral, así como la gobernabilidad del país…”

Entre las amenazas, existe evidencia de financiamiento ilegal que utilizan partidos políticos para clientelismo, compra, coacción e inhibición del voto; infiltración del crimen organizado en campañas electorales, principalmente locales e imposición de candidatos por parte de grupos criminales. A una semana de la jornada, no sabemos, de forma certera, cuáles han sido las campañas penetradas por el crimen o el poder del narco. Como se afirma en el documento, “el financiamiento ilegal de campañas por parte del crimen organizado aumenta la influencia de grupos criminales en los gobiernos, sobre todo municipales”.

México enfrenta el proceso electoral más violento de su historia. No sólo es proteger la emisión del voto del electorado, se requiere de instituciones sólidas que vigilen la impecabilidad de las elecciones, actúen como árbitros imparciales e inhiban la comisión de delitos e infracciones que debiliten los principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad, máxima publicidad y objetividad.
En su historia electoral, nuestro país transitó por elecciones manchadas de fraude oficial, lastimadas por la duda e ilegitimidad; sin embargo, se ha dado instituciones e instancias democráticas que pretendieron fortaleza para ser garantes del sistema democrático; no obstante, ahora parecen debilitarse en los galimatías del burocratismo y de un aparato colosal casi ineficaz debido a la concentración de funciones producto de reformas y más reformas legislativas paralizantes. Aunque la responsabilidad ciudadana está presente como nunca sabedora de su papel en la democracia, esa misma está lesionada por la desconfianza, la corrupción e impunidad que inhiben lo urgente: la construcción cotidiana de una sociedad más libre y virtuosa.

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