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EDITORIAL CCM – Cuando el crimen manipula a la población

EDITORIAL CCM

Cuando el crimen manipula a la población

 

En esta guerra, la población civil es la más vulnerable, presa de esta manipulación y víctima del narcoterror como fue durante los lamentables ataques de finales de mayo en la zona de Guadalajara.

 

La guerra contra el crimen en Jalisco tuvo un episodio preocupante el pasado 4 de junio mientras se pretendía una manifestación demandando solución al drama de desaparecidos. El choque de manifestantes contra elementos de la Marina Armada suscitó de inmediato el repudio de las autoridades, entre ellos el Presidente de la República, quien censuró el altercado defendiendo la integridad de los marinos y las labores de defensa y seguridad que realizan.

Las imágenes no dejan lugar a dudas sobre la agresión perpetrada con toda impunidad mientras el personal castrense no hace otra cosa que contenerse aplicando los protocolos mínimos para asegurar la desactivación del choque. La extraordinaria disciplina de los marinos fue definitiva para evitar una confrontación mayor aunque es reprobable cómo fueron agredidos al grado de los golpes mientras resistían estoicamente y, como señaló un comunicado de prensa de la dependencia, el personal atacado “en apego a la doctrina y valores navales, no repelió las agresiones físicas y verbales sufridas por los manifestantes, inclusive cuando fueron agredidos de manera directa, mientras trasladaban a un elemento naval que por la naturaleza de sus heridas, requería primeros auxilios de manera inmediata”.

En Jalisco remonta la violencia en un clima enrarecido políticamente mientras cárteles delincuenciales pugnan un control que ha llevado a enfrentamientos con las Fuerzas Armadas y policiales. Recordemos cómo en marzo de 2015, una grave emboscada a elementos de la gendarmería de la Policía Federal dejó un saldo de diez personas muertas en el municipio de Ocotlán; un mes después, otra sangrienta emboscada dejó un saldo de 15 policías muertos cerca de Soyatán, bastión del principal cártel del Estado. Estas agresiones, por el contrario, no disminuyen y ahora, usando a civiles como escudo, los criminales pretenden un ataque al personal naval a sabiendas de que, su poder de fuego, está medido y controlado ante civiles disminuyendo su capacidad de respuesta para inhibir la acción de los delincuentes.

La gravedad de esta situación queda patente cuando las legítimas aspiraciones de justicia, hechas a través de la libre manifestación, son prácticamente vulnerables. En esta lucha, las fuerzas del orden han asestando golpes mortales a los líderes criminales jaliscienses suscitando una virulenta respuesta que tiene un cambio de estrategia: manipular a la población civil. Esto parece corroborarse cuando, en febrero, una manifestación en Ocotlán terminó en enfrentamientos, incendios y narcobloqueos. Civiles exigían la salida de la Policía Federal y de elementos castrenses presionados por el principal cártel. Esto vuelve a darse en los hechos de inicio de este mes en lo que parecía una manifestación por los desaparecidos infiltrada por células del crimen.

En esta guerra, la población civil es la más vulnerable, presa de esta manipulación y víctima del narcoterror como fue durante los lamentables ataques de finales de mayo en la zona de Guadalajara. ¿Qué ha pasado con las estrategias de seguridad? ¿A qué obedece el aumento de la violencia y, sobre todo, el uso de la población en tiempos de incertidumbre electoral? A esto la Iglesia de Guadalajara, encabezada por el cardenal José Francisco Robles Ortega, cuestiona al alzar la voz por los ciudadanos: “… Percibimos que nuestra integridad física y patrimonial está permanentemente en riesgo y son frágiles los intentos que hacemos por protegernos de este tipo de situaciones”, señalaría en un mensaje. Y las cosas parecen empeorar cuando en el Estado de Jalisco las desapariciones forzadas repuntan sin que nadie dé una respuesta acertada y contundente.

 

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