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Convenio Arquidiócesis – SNAP, ¿gravísimo error?

Convenio Arquidiócesis – SNAP, ¿gravísimo error?

Unidad de Investigación del Centro Católico Multimedial

 

 Grave es el desplazamiento de las propias instancias que se han venido fortaleciendo dentro de la Iglesia de México. Una de ellas, el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor -CEPROME- auspiciado nada más y nada menos que por la Universidad Pontificia de México, de la cual Carlos Aguiar Retes es Gran Canciller.

 

A partir de la publicación de un supuesto acuerdo entre la oficina de comunicación que involucró a la Arquidiócesis de México y al grupo o red de sobrevivientes de abuso sexual -SNAP, México- se suscitaron una serie de preguntas sobre la real eficacia jurídica y viabilidad del mencionado documento para el cumplimiento de sus objetivos que, en lo general, se resumen en el desarrollo de actividades diversas para la prevención y castigo de cualquier conducta sexual agresora contra niños o de personas que no puedan defenderse.

 

Algunos han calificado la decisión como inédita y sin igual, verdaderamente revolucionaria que tiende la mano al capítulo de una organización que, hasta el día 4 de junio, venía agrediendo a la Arquidiócesis de México. Ahora, en contra de cualquier principio lógico jurídico, la pretendida alianza, firmada por una parte incapaz, estaría en posibilidad de abrir expedientes y procesos en vigor que serán contrarias a las garantías de seguridad jurídica.

 

Sin embargo, una de las cosas que más llama la atención es porqué la Arquidiócesis de México se “doblegó” ante esta instancia que, de agresora, pasa a ser amiga. ¿Qué intereses hay de fondo?, pero independientemente de lo anterior ¿Por qué el desdén e ignorancia de procesos y documentos que la misma Iglesia ha generado al respecto y por qué se ha despreciado la coadyuvancia con instancias de la Iglesia para privilegiar a una organización que ha puesto a la Iglesia católica como criminal que mantiene relaciones de conspiración internacional en complicidad con los gobiernos para proteger a pederastas.

 

Norberto Rivera Carrera

 

La Arquidiócesis de México, después de la serie de escándalos, no quedó al margen para cumplir con las obligaciones que garantizaran la integración de protocolos para el cuidado de los menores. Aunque quiere darse a Aguiar Retes el crédito de la “tolerancia cero” en honor a la verdad, el cardenal Norberto Rivera Carrera puso esta política a trabajar para castigar a clérigos que pudieran ser responsables de delitos. Así, se han generado lineamientos que, ahora, Marilú Esponda, como responsable en nombre del Primado de México, ignora olímpicamente, entre ellos,  los “Criterios de la Arquidiócesis de México en relación a comportamientos inadecuados, principalmente con menores que pudieran suceder por parte de los clérigos” publicados en la Gaceta arquidiocesana del primer semestre enero-junio 2007 o los lineamientos de la Comisión para la Tutela de menores en la Arquidiócesis de México de septiembre de 2017 aprobados por el emérito Norberto Rivera Carrera.

 

Más grave es el desplazamiento de las propias instancias que se han venido fortaleciendo dentro de la Iglesia de México. Una de ellas, el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor -CEPROME- auspiciado nada más y nada menos que por la Universidad Pontificia de México, de la cual Carlos Aguiar Retes es Gran Canciller.

 

En 2017, los obispos de México impulsaron un gran compromiso para la prevención de la pederestia clerical y la política de tolerancia cero. Apenas con un año de existencia, el responsable de Ceprome, el chihuahuense Daniel Portillo Trevizo, indicó que este organismo especializado, cuya raíz está en la Universidad de los Obispos de México, se convertiría en uno de los principales centros para brindar a la Iglesia y a la sociedad mexicana, un servicio de excelencia. “Entre sus múltiples objetivos estarían la cualificada investigación interdisciplinaria para la elaboración de las más eficaces estrategias de prevención, así como la gestión de los casos delictivos y la supervisión de la atención debida, tanto a las víctimas, como a los agresores”.

 

Los ambiciosos objetivos de Ceprome tienen además las de capacitar, desde la Iglesia y para la Iglesia, a los responsables en el servicio pastoral, tanto de apoyo a las víctimas y la atención a los agresores, como en la prevención en el discernimiento vocacional de los candidatos al sacerdocio. Desde el acta de nacimiento de esta organización, cuando  Secretario General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el auxiliar de Monterrey, Mons. Alfonso G. Miranda Guardiola, encabezó en abril del 2017 la oración y la jornada de perdón por las víctimas de abusos sexuales, el Episcopado Mexicano tuvo el compromiso indubitable a fin de desterrar, para siempre, estos graves males. El Ceprome ha venido creciendo particularmente en la sólida formación e integración de protocolos modelo para todas las diócesis mexicanas.

 

Como tal, la Universidad Pontificia y Ceprome no son entidades aisladas sino que actúan en conjunto con reconocidas instancias internacionales en estrecha comunión con la Santa Sede y los compromisos del Papa Francisco, entre ellas facultades católicas como la de Saint-Paul de Canadá, al Instituto de la familia “Juan Pablo II” de Argentina, a la Universidad Alberto Hurtadode Chile, a la Catholic University College of Ghana, la Libera Università María SS Assunta de Roma, la Facoltà Teologica dell’Italia centrale de Florencia y el Pontifical Institute of Philosophy and Religion de la India.

 

Como se ve, las preguntas surgen. Mons. Aguiar Retes y Esponda Sada deben dar una explicación suficiente y fundada sobre las reales razones para abrir las puertas a una organización -SNAP- declarada enemiga de la Iglesia, cuestionada en su sinceridad de sus métodos, señalada gravemente de hacer de los asuntos de pederastia clerical una industria lucrativa y, sobre todo, de actuar contra los principios de derecho para tolerar la revancha y venganza por encima de la justicia.

 

Aguiar Retes

Aguiar Retes

 

Lo peor es cómo el Gran Canciller de la Universidad Pontificia de México se ha ido por la libre despreciando los esfuerzos de la Universidad Pontificia de México sin tener la mínima comunión en este sentido con sus pares en la Conferencia del Episcopado Mexicano. Quien ha dicho ser “íntimo y gran amigo del Papa Francisco” pasó por alto las palabras que en febrero de 2016 dirigió a los obispos de México en torno a la naturaleza e identidad de la Universidad Pontifica de México: la de ser la institución que “esté cada vez más en el corazón de los esfuerzos eclesiales para asegurar aquella mirada de universalidad sin la cual la razón, resignada a módulos parciales, renuncia a su más alta aspiración de búsqueda de la verdad”. (Encuentro del Papa Francisco con los obispos de México, Catedral metropolitana de la Arquidiócesis de México, 13 de febrero de 2016)

Sin lugar a dudas, el supuesto convenio firmado con SNAP México es un gravísimo error que, desde la raíz, revela una profundísima ignorancia de la directora de comunicación y  pone en tela de juicio la sinceridad de intereses  que deberían encender los focos de alerta en todo el Episcopado Mexicano.

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