Editorial

EDITORIAL CCM: Violencia y Terror Arrodillan al País

EDITORIAL CCM:

Violencia y Terror Arrodillan al País

 

Hace seis años se nos prometió devolver la paz a calles y plazas, a cada rincón de nuestras ciudades. Esto ha sido un fracaso estrepitoso.

 

Quizá nunca en la historia contemporánea de México han sucedido hechos tan lamentables y alarmantes revelando una delicadísima situación de seguridad pública impactando a miles de personas y, a la vez, a la infraestructura estratégica del país de la que depende la marcha de la economía.

En importantes núcleos de población y grandes ciudades, el crimen organizado actúa en plena impunidad asolando la vida de miles de inocentes cuyo único error fue estar en el lugar y hora equivocados. Esta semana que concluye, Guadalajara fue escenario de cruentos enfrentamientos. El tremendo poder de fuego de los cárteles no pudo contra uno de los funcionarios del gobierno del Estado de Jalisco quien, afortunadamente, salvó la vida cuando células delictivas lo atacaron; sin embargo, para los ciudadanos ordinarios, la cosa fue distinta.

El secuestro e incendio de autobuses urbanos tuvo una víctima más que emblemática, un bebé de apenas ocho meses, Tadeo, presa del fuego criminal que le arrebató la vida; su madre, Elizabeth, joven mujer de 26 años se debate entre la vida y la muerte. Y es que esta guerra se ha perdido todo incluso el respeto por la vida de niños e inocentes cuando el poder y fuerza del Estado parece empequeñecida ante infames y reprobables métodos cada vez más comunes en contra de civiles que pagan las venganzas de los cárteles al echar mano del narcoterror.

Además, el crimen organizado extiende su poder en otras zonas y áreas valiéndose de la miserable condición de cientos de personas para tomarlos como carne de cañón del delito. En últimos días, el sabotaje y robo a ferrocarriles se eleva de forma alarmante. Según la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, en 2017 se registraron más de diez mil hechos delictivos contra instalaciones ferroviarias. En lo que va del 2018, siete descarrilamientos han provocando pérdidas por más de 312 millones de pesos; en el primer trimestre, 720 robos contrastan con los 125 cometidos en el mismo período de 2017.

Otro delito que desangra la economía nacional es el robo de combustibles o huachicoleo. De acuerdo con datos de PEMEX, en el sexenio 2012-2018 se habrían detectado más de dos mil puntos de ordeña de combustibles en ductos y tuberías a lo largo y ancho del país siendo el llamado triángulo rojo poblano de los puntos más críticos donde, incluso, civiles han enfrentado a las fuerzas armadas; mientras el robo de gasolinas parece contar con la colusión de funcionarios públicos, los daños a la economía ascienden a 100 mil millones de pesos, sangría económica para la que no hay torniquete efectivo cuando corrupción e impunidad son causantes de esta hemorragia.

Entidades como Tamaulipas y Guerrero están sometidas. Localidades enteras son pueblos fantasmas, miles han sido desplazados de sus lugares de origen. Campesinos no tienen mejores posibilidades de vida que el cultivo de drogas y los jóvenes prefieren seguir en la fácil y destructora carrera del sicario. Las empresas bien establecidas deciden cerrar sus puertas ante el flagelo del crimen. Refresqueras en Guerrero abandonan la entidad por estar bajo ataque, mientras en Tamaulipas la industria lechera sale corriendo por la ausencia de garantías mínimas para realizar sus labores.

El país parece ir por dos vías. Una, la de la carrera electoral. Candidatos ofrecen, dan palos al aire, sin la certeza de que las promesas de campaña sobre el fin de la violencia e inseguridad serán efectivas. En esas paradojas, hay 90 candidatos asesinados y un número similar dejaron la carrera por un cargo público al verse amenazados. Hace seis años se nos prometió devolver la paz a calles y plazas, a cada rincón de nuestras ciudades. Esto ha sido un fracaso estrepitoso. Y por el otro lado está la realidad cotidiana, esa donde México está sometido y vive de rodillas.

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