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EDITORIAL CCM: Los 100 días del Cardenal Carlos Aguiar Retes

 

EDITORIAL CCM

Los 100 días del Cardenal Carlos Aguiar Retes

 

A 100 días, Carlos Aguiar no tiene el camino allanado como se creía. Su tiempo será muy breve, por eso impone meter el acelerador. Si desea que sus cambios lleguen a buen puerto, debe escuchar primero a sus colaboradores más cercanos, el presbiterio, y adoptar más la cercanía del pastor que la de Arzobispo Primado que en realidad es un título que impone la carga para ser el primero en misericordia, humildad y caridad, caminos que bien proponen y señalan los obispos de México al ofrecer un documento trascendental para el futuro de la Evangelización: el Plan Global de Pastoral 2031-2033.

 

 

Una moderna práctica en la evaluación de los gobiernos seculares es la revisión de los cien primeros días que podrían indicar cuál será el rumbo de una administración y la calidad de gobierno bajo determinados principios rectores. Se dice que la evaluación de los 100 días proviene de los planes de reconstrucción económica posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

En la Iglesia católica, esta evaluación no es típica en un nuevo episcopado; sin embargo, hay excepciones. Con Francisco en la sede de Pedro, diversos medios seculares y vaticanólogos se dieron a la tarea de analizar los primeros cien días de un papado que cautiva al mundo. Los expertos coincidían en que el sucesor de Benedicto XVI habría de modelar un pontificado misionero dedicado a consolidar importantes reformas.

El 6 de febrero, Mons. Carlos Aguiar Retes tomó posesión de la Arquidiócesis Primada de México. Sobre ese nombramiento, hecho público en diciembre de 2017, se levantaron expectativas muy importantes. Pesaba sobre el purpurado la singular característica de ser amigo de Papa Francisco; más aún, estas optimistas proyecciones apostaban por una línea del diálogo para realizar la sinodalidad y encontrar las mejores formas que pondrían a la Arquidiócesis de México en las vías de la comunión. De acuerdo con las primeras entrevistas ofrecidas a los medios arquidiocesanos, la principal preocupación sería el proceso de una renovación eclesial consolidando el concepto de Iglesia en salida y misionera. A decir del cardenal, la importancia de la comunión eclesial es determinante para la transformación de la cultura; en este sentido, impulsaría “relaciones públicas” entre actores sociales para generar sinergias en la resolución de problemas de la Arquidiócesis de México principalmente los complicados asuntos económicos.

Los procesos buscarían la continuidad específica de actividades que el anterior Arzobispo de México, Cardenal Norberto Rivera Carrera, consolidó en 22 años de servicio. Para Aguiar Retes serían importantes la salud y jubilación de los sacerdotes, el cuidado especial en el conjunto mariano de Basílica de Guadalupe, cultivar las vocaciones en los tres seminarios arquidiocesanos además de aprovechar la destacada posición pública de la oficina de comunicación social y sus medios SIAME y Desde la fe. Aunque algunos decían que Aguiar era un obispo de escritorio, sería un gobierno de escucha y mucho diálogo.

Poco a poco comienzan caer los naipes de ese castillo. A los 100 días, ha visitado todas las Vicarías territoriales; lo que implicaba conocimiento y diálogo con el presbiterio, dio paso a un distanciamiento a causa del escepticismo ante lo que parece una imposición de planes cuestionados en su viabilidad como cuando, en los primeros días, Aguiar Retes desplazó al presbiterio para rodearse de un grupo compacto que prácticamente se ha hecho de dos brazos esenciales: el económico y el de la comunicación.

La prioridad debería correr por la revitalización pastoral, no obstante, una forma gerencial parece preponderante. La firma consultora Ernst &Young (EY) ofrecerá un informe del estado que guarda la Arquidiócesis. Aguiar parece dirigir sus baterías para un control económico centralizado en pocas manos sin la posibilidad de intervención de organismos diocesanos más estructurados. A la fecha pesa más la asesoría de una Consultoría, de la cual no hay ningún dato para saber cuánto costará a los fieles de la Arquidiócesis, que los órganos consultivos, senado y Consejo presbiteral, que por derecho son instancias de colaboración inmediata. Hoy están en la parálisis si no es que extintos.

No puede dejarse de lado cómo el Arzobispo de México presentó su “plan estrella”, las Unidades Pastorales, panacea para una mejor forma de estructura de la vida parroquial, pero el Jueves Santo dio un giro. Dichos conjuntos pasaron a ser propuestos como programa piloto sólo exigido para las nuevas generaciones de ordenados y optativos para quienes estén en ejercicio activo del ministerio.

Lo que sí parece definitivo es la nueva conformación de los planes de formación sacerdotal. Algunos creen que poner a los seminaristas confrontados con la realidad será la solución a estas exigencias de evangelización para una ciudad compleja, otros dicen lo contrario puesto que esta supuesta novedad fue probada en los años 70. El resultado fue una caída estrepitosa en las vocaciones y el Cardenal Corripio Ahumada la abrogó para volver al esquema que Aguiar Retes ahora pretende transformar.

A 100 días, Carlos Aguiar no tiene el camino allanado como se creía. Su tiempo será muy breve, por eso impone meter el acelerador. Si desea que sus cambios lleguen a buen puerto, debe escuchar primero a sus colaboradores más cercanos, el presbiterio, y adoptar más la cercanía del pastor que la de Arzobispo Primado que en realidad es un título que impone la carga para ser el primero en misericordia, humildad y caridad, caminos que bien proponen y señalan los obispos de México al ofrecer un documento trascendental para el futuro de la Evangelización: el Plan Global de Pastoral 2031-2033.

 

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