Editorial

EDITORIAL CCM: Resurrección de la nación mexicana

EDITORIAL CCM:

Resurrección de la nación mexicana

México ha celebrado la Semana Santa en expectativa de fe y de esperanza gozosa en la resurrección de Cristo. La cruz fue paso para la vida abundante, distinta de todo lo que fue impregnado de mal y pecado. Con su sacrificio, el Señor vence al imperio de las tinieblas para devolvernos la luz admirable de la gracia y reconciliación. Así lo creemos los cristianos que vivimos la fe en la Iglesia, el Señor no quedó suspendido en la cruz ni bajó a los infiernos para permanecer al arbitrio de la naturaleza y ser consumido por las fuerzas de la corrupción de la carne. Al tercer día resucitó de entre los muertos, no sólo es dogma sino alma propia de la comunidad de creyentes que abre la historia más allá de sí misma.

Nuestro país anhela este paso que le resucite a una vida distinta. Con sufrimiento caminamos la pasión que parece interminable, extendiéndose en los momentos más aciagos donde miles cargan la cruz que aún, de forma paradójica, les nutre con la esperanza de hacer de México un lugar donde se goce de la renovación de las cosas. Interminable pasión, la de miles de personas desaparecidas cuyas familias no agotan la esperanza por conocer la verdad y rencontrarse con ellos; vía dolorosa, la de miles que sufren la pérdida de algún ser querido debido al paroxismo de la violencia, luchando por el elemental derecho a una justicia pronta, expedita y reparadora que jamás compensará la aciaga oscuridad causada por la demencia de seres humanos inhumanos. Camino de la cruz, el de migrantes maltratados, víctimas de la avaricia, y que ahora se levantan anhelando el respeto y dignidad inherentes a su condición de personas. Lacerante pasión, la que aun debemos recorrer ante promesas y promesas, campañas y campañas, lucha por el poder como objetivo único que parece olvidarse del bien común, devorando al elector cautivo como botín, harto de palabras que le atosigan y persiguen impidiendo el juicio responsable para votar por quienes en realidad procuren el verdadero oficio de la política, el de servir.

Pasión de dolor en la corrupción y entramados que mantienen muchas cosas de cabeza a pesar de la propaganda que nos dice que lo bueno cuenta y cuenta mucho. Pasión de México al cargar su cruz aun más pesada por la ambición desmedida de pocos creando injusticias hacedoras de millones de pobres que, sin vivir en pobreza extrema, son mexicanos paupérrimos víctimas de un sistema agresor e injusto.

Para salir de los infiernos, México debe operar un cambio de mentalidad que no sea de membrete o patrocinado por subliminales propósitos que esconden detrás mezquinas ambiciones. La nueva forma de ver las cosas debe surgir desde cada persona capaz de renovar la realidad completa arrebatándola del poder del egoísmo y maldad. La resurrección de Cristo es acontecimiento capaz de hacer lo impensable. El anuncio del resucitado, quien padeció, murió y bajo a los infiernos, adquirió vitalidad por la fuerza de un hecho que nadie ideó y superó a cualquier imaginación o mito. Ese anuncio nos debe impactar para hacer posible la resurrección de la nación mexicana.

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