Editorial

EDITORAIL CCM : Miedo, Dolor y Luto en Tiempos Electorales

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Miedo, Dolor y Luto en Tiempos Electorales

 

En medio de la carrera por los cargos de elección popular y la presidencia de la República, la frase que más resuena es la de “miedo”. La indecencia de la propaganda política se vale de ese sentimiento para explotar el temor y encausar el voto para quienes ambicionan estar encima de las encuestas.

 

 

Una sacudida tremenda provocada por la demencial violencia en nuestro país tocó de nuevo a las puertas de la Iglesia. Dos sacerdotes – Rubén Alcántara Díaz (1950-2018) de la diócesis de Izcalli y Juan Miguel Contreras García (1985-2018) de la Arquidiócesis de Guadalajara- fueron ultimados segando su vida bajo ese poder infame que sigue destruyendo nuestro carcomido tejido social.

No es la primera vez en la que dos sacerdotes son asesinados en cuestión de horas. El 20 septiembre de 2016, Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Suárez de la Cruz, de la diócesis de Papantla, perdieron la vida al ser asesinados. En esa ocasión, la incompetencia de la Fiscalía de Veracruz concluyó que su muerte se debió a un lío de borrachos. Unos días después, hacia el 22 de septiembre, el cuerpo de Alfredo López Guillén, de la Arquidiócesis de Morelia, fue hallado con signos de violencia, pero en medio de su desaparición, se había manchado la imagen del presbítero al haberlo acusado de pederastia lo cual fue mentira.

La historia parece repetirse. El asesinato de dos sacerdotes impacta a la Iglesia, pero es reflejo de lo que México padece en sus entrañas. Es necesario detenernos para reflexionar sobre el estado de cosas que nos está aniquilando. Día tras día, miles de ciudadanos viven el miedo e incertidumbre por la violencia en diferentes zonas del país. La muerte es cosa común. Cruentas e inverosímiles escenas nos asombran cuando cuerpos humanos destrozados y decapitados están en parajes y calles como despojos de la inmisericorde actitud de otros seres humanos atacando y sometiendo al prójimo. México adora y se pone de rodillas ante la cultura de la muerte.

En medio de la carrera por los cargos de elección popular y la presidencia de la República, la frase que más resuena es la de “miedo”. La indecencia de la propaganda política se vale de ese sentimiento para explotar el temor y encausar el voto para quienes ambicionan estar encima de las encuestas. Lo inmoral e indecente es hacer campañas que en realidad son guerra sucia explotando al electorado. Bajeza y ruindad de los candidatos quienes hacen más ataques que promesas viables y congruentes para cumplir lo que fracasó en este sexenio. En el domingo del primer debate presidencial, los millones de electores queremos propuestas capaces de emprender una transformación para devolver la seguridad y tranquilidad perdidas; no obstante, puede apuntarse que esto, al final, podría quedar en palabras etéreas de difícil cumplimiento. Desde hace más de una década, México es un país en guerra.

Nuestra situación no puede quedar sólo en “el enérgico llamado a las autoridades”. Nos está llegando el agua al cuello y aún lo estiramos más por justificaciones pueriles diciendo que la violencia es contenible. Estrategias, esquemas y planes de seguridad han fallado estrepitosamente. A la Iglesia católica le han tocado de forma cruel y Ella sólo responderá con las armas de la misericordia y del Evangelio, pero también es necesaria la justicia ante las brutales acciones que le han enlutado. Y la Iglesia es poderosa porque influye en millones de almas ante el hartazgo por las violentas condiciones que estamos padeciendo.

 

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