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Editorial CCM: Ciudades violentas

Editorial CCM

Ciudades violentas

 

El ranking de las 50 ciudades más violentas es motivo de preocupación para este país. Y las pretendidas fórmulas que se ofrecen para “pacificar” estas zonas, tampoco parecen ser alternativas viables para la recomposición del tejido social.

 

El reciente informe del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal AC sobre la violencia en diversas ciudades del mundo no puede dejar indiferente a ningún nivel de gobierno ni a la ciudadanía en general. Se trata de un ranking fundado a través de metodología sustentada por datos transparentes, verificables y replicables. Como afirma la presentación del documento: “De las 50 ciudades del ranking, 17 se ubican en Brasil, 12 en México, 5 en Venezuela, 4 en Estados Unidos, 3 en Colombia, 3 en Sudáfrica, y 2 en Honduras… La abrumadora mayoría de las 50 ciudades más violentas del mundo se ubican en América Latina (42 urbes)”.

Brasil y México encabezan este vergonzoso ranking. Ingresaron localidades como Los Cabos, La Paz y Tepic donde, en últimos meses, la violencia repunta por diversos factores. En diciembre pasado, ante esta dramática situación, la Iglesia católica de Tepic lanzó serias advertencias sobre la descomposición en el Estado. El obispo de la diócesis, Mons. Luis Artemio Flores Calzada, apuntó sobre “la crisis de seguridad pública (que) está acabando con la tranquilidad de las comunidades. Homicidios, feminicidios, levantones, despojos, secuestros, llamadas de extorsión, entre otros delitos, asolan a todo el territorio estatal”.

Las causas de la violencia son tan variadas que no pueden sesgarse en una sola. En primer término, el mismo informe acusa sobre la veracidad de la información de las autoridades dedicadas a la contención y persecución de los delitos. En el documento se puede leer que los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), “no pueden tomarse al pie de la letra” porque no hay certeza sobre el número de homicidios y, segundo, por la manipulación de cifras de los gobiernos estatales.

Se trata de nuevo de graves males sin remedio eficaz y que parecen incitar este derramamiento inútil de sangre que socava el orden, la paz y el bienestar de millones de mexicanos. El poder de la corrupción es el primero de una cadena que parece infinita en el número de eslabones del crimen e impunidad.

Una exigencia pendiente es la profesionalización de las fuerzas policiales que no reciben en tiempo, forma y conforme a la ley, las prestaciones mínimas para el desarrollo de su trabajo. Las corporaciones de Acapulco, localidad en el tercer lugar del ranking, en enero pasado hicieron paros frente a sus comandancias por la falta de aguinaldos, retrasos en sus quincenas, carencia de seguros social, de vida y el equipo necesario para policías.

Sin embargo, lo más lamentable son las condiciones de pobreza y marginación en las que viven los habitantes de esas ciudades botín del crimen. Los Cabos, paraíso turístico, en realidad es un pueblo de vecindarios empobrecidos; sus habitantes son reclutados por los cárteles de la droga, la pobreza es resultado del privilegio de polos turísticos marginando a los habitantes. Dos realidades conviven ahí: la opulencia de zonas exclusivas y la miseria de barrios sin más oportunidades que las del dinero, fama y falsas oportunidades ofrecidas por los poderosos cárteles del crimen particularmente a los más jóvenes.

El ranking de las 50 ciudades más violentas es motivo de preocupación para este país. Y las pretendidas fórmulas que se ofrecen para “pacificar” estas zonas, tampoco parecen ser alternativas viables para la recomposición del tejido social. Si queremos la paz, es urgente la creación de alternativas para el desarrollo integral, perseguir a los corruptos y castigar a quienes se regodean impunes. ¿Habrá autoridad con la capacidad para lograrlo?

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