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EDITORIAL CCM – Chapulineo 2018 : Brincoteo político

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Chapulineo 2018: Brincoteo político

 

 

El chapulineo político es de esos “recursos” de la clase política para tomar cargos que el pueblo no ve como auténtico servicio público sino la mejor manera de vivir y hacer recursos para una riqueza propia.

 

 

A un mes del fin del segundo período de sesiones, brincos y saltos de la clase política están a todo lo que dan a fin de conseguir un lugar y candidatura que los deje en la jugada electoral que tendrá su expresión máxima el 1 de julio cuando se renueven más de tres mil cargos de elección entre ellos la presidencia de la República y la totalidad del H. Congreso de la Unión.

Previo al receso de semana santa 2018, una cascada de licencias se dio un San Lázaro para legisladores chapulines que buscan curules, escaños, presidencias municipales, todo lo que sea posible en la competencia. Al fin de la sesión del jueves 22 de marzo, 51 legisladores dijeron adiós a su curul engrosando los otros permisos que, durante recesos legislativos o en anteriores períodos ordinarios, se habían aprobado. En total, según las cifras de los servicios parlamentarios, en la LXIII Legislatura 216 diputados se habían ido de licencia y sólo 64 se reincorporaron a sus labores parlamentarias. Esto equivale a que la totalidad de los 200 “pluris” haya dejado el Palacio Legislativo de san Lázaro.

Las aspiraciones políticas de un representante popular son legítimas siempre y cuando el cargo que el pueblo le confirió haya sido satisfactorio y la rendición de cuentas sea transparente y constante reflejando efectivamente la realización de sus promesas de campaña o una actividad legislativa eficiente. De acuerdo con la información publicada en los medios oficiales de Cámara de Diputados, 390 diputados habían presentado un informe de labores durante los dos primeros años de ejercicio; sin embargo, muchos dejarán pendiente el último correspondiente al tercer año de ejercicio.

El chapulineo político es de esos “recursos” de la clase política para tomar cargos que el pueblo no ve como auténtico servicio público sino la mejor manera de vivir y hacer recursos para una riqueza propia. Si México quiere transitar hacia una verdadera democracia y no simulaciones, las reformas legales que impidan el brincoteo sin rendición de cuentas son imperativas e inaplazables. Clanes concentran el poder al seno de los partidos que podrían beneficiarse de la flamante reelección creando bloques consolidados eternizándose en cargos opacos, ineficaces y, en el extremo, encubridores de hechos delictivos e impunidad como nos han enseñado algunas lamentables lecciones de funcionarios o representantes populares en el pasado.

Los políticos chapulines nos dejan importantes reflexiones en torno a la democracia. De principio, deberían consumar totalmente el período de su encargo porque ese fue el primer cometido que prometieron a sus electores. En segundo lugar, la mejor forma de representatividad es el trabajo exhaustivo sin dejar lugar a dudas. Manejo de recursos transparente, iniciativas o proyectos con real aplicación en beneficio de los electores en cada distrito o comunidad y, sobre todo, auténtica profesionalización política para el bien común y no sólo para la satisfacción de ambiciones desmedidas, poder irrefrenable o avaricia impactando a una sociedad que padece, todos los días, la precariedades de salarios bajos, empleos mal pagados o la carestía de una canasta básica cuyos bienes parecen cada día más lejanos para más de 50 millones de mexicanos en pobreza, aunque hayan salido de la pobreza extrema.

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