Editorial

Ciudadanos de segunda

Editorial CCM

Ciudadanos de segunda

 

México vive un régimen de libertad religiosa y asociaciones religiosas que pone a los ministros de culto como personas bajo vigilancia particular de una entidad política sólo por profesar una fe, pertenecer a una condición clerical y manifestar sus ideas como es común a toda persona.

 

En medio de los conflictos surgidos por la muerte de los padres Germaín Muñiz García e Iván Añorve Jaimes, surge otro con profundas implicaciones políticas que deriva hacia una reflexión sobre la condición de los ministros de culto y su papel en el estado laico que presume ser respetuoso de los derechos humanos de cualquier ciudadano sin excepción.

El 9 de febrero, en la peregrinación anual de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Mons. Salvador Rangel Mendoza rindió tributo a los sacerdotes muertos a causa de la violencia recordando a los fieles la dramática situación de este país: “Desgraciadamente México ocupa el lugar número 1 a nivel mundial del asesinato de sacerdotes, en 5 años llevamos 21 sacerdotes asesinados”, señaló en la homilía.

Mons. Rangel, al final de la Eucaristía, enfatizaría la sentida pérdida de los sacerdotes asesinados el pasado 4 de febrero como “ofensa a Dios, a la Virgen y a todos los católicos de Chilpancingo-Chilapa y de Acapulco”, la enérgica protesta derivó en la defensa de su memoria para evitar la victimización de los asesinados cuando se les hizo responsables de conductas ilícitas, además el prelado dio a conocer las denuncias en su contra a la Secretaría de Gobernación para que el obispo no “hiciera más declaraciones…” para terminar con una sentencia de la resistencia entre política mundana y fe: “A ver quién aguanta más, ellos o yo”.

La Secretaría de Gobernación, después de la revolución, asumió actividades de la vida pública del país incluyendo aquéllas de justicia y seguridad. Al tener competencia sobre asuntos de la vida interior y la democracia, se ocupó de la censura de la libertad de expresión, organizó elecciones y vigiló temas morales en contenidos de radio y televisión. Era una entidad omnímoda y aún ella tiene facultades como esos resabios de supravigilancia hacia actividades que incomoden los intereses del régimen en turno.

Gracias a la participación de la sociedad civil, muchos temas han salido de la competencia de la Secretaría, pocos son los que quedan bajo el control de la entidad política que fue instrumento de duras represiones al servicio del Ejecutivo; sin embargo, uno de ellos queda pendiente: la vigilancia, control y sanción en materia de ministros de culto, asociaciones religiosas y libertad religiosa.

Mientras la Constitución se ha reformado para reconocer un régimen amplísimo de derechos humanos, ese mismo texto encierra aún francas contradicciones en el artículo 130 al restringir el derecho de opinión y de manifestación de las ideas de ministros de culto todavía se quiere hacer de Gobernación como la temida autoridad que pone bajo control a obispos y ministros incómodos cuando parecen desafiar un estado laico rancio francamente desfasado y superado.

La acción de la Secretaría de Gobernación parece tener dedicatoria especial hacia obispos y sacerdotes católicos quienes serían infractores de la ley cuando realizan declaraciones o reuniones políticas pendiendo sobre ellos cualquier sanción desde apercibimientos, multas, suspensión de derechos o la cancelación de registros de las asociaciones religiosas que representan.

México vive un régimen de libertad religiosa y asociaciones religiosas que pone a los ministros de culto como personas bajo vigilancia particular de una entidad política sólo por profesar una fe, pertenecer a una condición clerical y manifestar sus ideas como es común a toda persona. Es grave que sean sujetos de este control, censura y amenazas como si sus derechos humanos fueran concesión de la Secretaría de Gobernación la cual tiene un deber distinto.

Los dichos del obispo de Chilpancingo-Chilapa vuelven a poner en la discusión la urgente reforma que México necesita en materia de libertad religiosa para que ministros de culto gocen de los mismos derec

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