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México: El legado del cardenal Rivera Carrera

México: El legado del cardenal Rivera Carrera

El saliente arzobispo primado del país, Norberto Rivera Carrera, acaba de publicar un exhaustivo informe sobre la realidad que guarda la porción de la grey católica que guió por 22 años
VATICAN INSAIDER
FELIPE DE J. MONROY*
CIUDAD DE MÉXICO

Menudo informe presentó el cardenal Norberto Rivera Carrera sobre su servicio de 22 años al frente de la Arquidiócesis Primada de México; lo hace en el marco de las reuniones que sostiene el arzobispo electo, cardenal Carlos Aguiar Retes, con los diferentes consejos arquidiocesanos que llegará a liderar a partir del próximo 5 de febrero.

En una primera lectura resulta evidente que el documento divulgado por el actual administrador apostólico Rivera Carrera, a través del Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México, no es en modo alguno -ni creo que tenga intención de serlo- un informe detallado del “estado de las cosas” en la Iglesia circunscrita en la Ciudad de México; es, a mi parecer, un profuso inventario y una instantánea de la muy compleja y extendida organización gerencial y administrativa de una de las diócesis más abismales que yo conozca.

Muy rápido han salido algunas voces que reclaman que en dicho informe no se incluyen algunos de los pasajes más delicados de la administración pastoral de Rivera Carrera en estos años. En efecto, en el informe no se encuentran las historias personales y las razones de fondo que han hecho de la Arquidiócesis de México una de las instituciones religiosas más comentadas y hasta criticadas -con y sin justicia- en la última década. Para ejemplificar esto: en ninguna de las 84 páginas se nombra siquiera por asomo a quien coordinó durante 20 años la pastoral diocesana para el arzobispo Rivera; y, junto con esa, hay omisiones enormes que también reflejan lo que cada área piensa sobre sí misma.

Sin embargo, parece que ese no es el propósito del informe que hoy puede consultarse libremente. Para conocer el corazón interno y el pulso más profundo de la Iglesia capitalina se requiere caminarla, escucharla en voz de los miles de sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que participan y cooperan con ella diariamente; es necesario despojarse de prejuicios y sentarse largas horas a escuchar al gran cuerpo de operadores, animadores y partícipes de la iglesia arquidiocesana; tantas, como las horas que se deben destinar a salir y caminar con quienes esperan atención, caridad, consuelo, justicia o asistencia por parte de esta masiva institución religiosa.

Pero el informe sí ofrece algunos puntos de partida para que nadie se hunda en la densísima estructura eclesial de la Ciudad de México. Quizá de manera involuntaria, a lo largo de las páginas que lo constituyen, son revelados algunos de los temas más arduos que deberá atender la administración del cardenal Aguiar Retes.

Por ejemplo, el rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, Enrique Glennie Graue, explica que en la Plaza Mariana: “Aún quedan aspectos legales-administrativos por regularizar, que están detenidos en espera de la sentencia definitiva de las demandas impuestas por Grupo Autofin, mismos que dependen de lo que se determine en la sentencia del juez. Este punto también ha dificultado la comercialización de los nichos”.

El rector del Seminario Hispano (donde se forma a migrantes hispanos para ser sacerdotes destinados a comunidades latinas en diócesis de Estados Unidos) indica que se busca evitar que este centro de formación se convierta en un “puente migratorio” con el que ciertos ‘dreamers’ logran su visado, pero abandonen la preparación para el ministerio; y la Universidad Pontificia de México reconoce que esta magna e histórica institución educativa tiene problemas económicos para equilibrar los gastos para atender al profesorado y a la matrícula estudiantil.

A nivel territorial, algunas zonas de la ciudad manifiestan problemas que las fiscalías y mayordomías heredaron tras siglos de operación religiosa y social; otras zonas informan mayores preocupaciones por la regulación contable, laboral, de declaración y pago de impuestos; la gran mayoría de los vicarios territoriales expresan una preocupación por las aportaciones económicas que las parroquias deben hacer a la Curia arquidiocesana y a las Vicarías Episcopales; y para todos, la opción entre “conservar fieles” o “aventurarse en la misión” pasa por las obligaciones sacramentales que deben cumplir cada día.

El Tribunal Eclesiástico, instancia donde se dirimen los juicios canónicos, reporta que realiza más de 800 entrevistas y recibe casi 350 causas (la gran mayoría de juicios que solicitan la declaración de nulidad matrimonial); y advierte que la disposición del papa Francisco y del arzobispo Rivera Carrera para que a nadie se le obligue a cubrir los costos de estos procesos canónicos podría incrementar aún más la carga de trabajo de un pequeño y muy especializado equipo de jueces y abogados.

Finalmente, se ofrecen datos muy concretos sobre las primeras instancias y colaboradores del arzobispo primado: la Arquidiócesis tiene 467 parroquias en mil 500 kilómetros cuadrados (Guadalajara tiene un número cercano de parroquias, pero en esta diócesis están distribuidas en más de 20 mil kilómetros cuadrados); en la Ciudad de México están registrados dos mil 67 sacerdotes (mil 59 de clero regular) de los cuales el 36 por ciento supera los 60 años y sólo 14 por ciento tienen menos de 40 años.

Así están los datos de este muy singular informe; es un punto de partida para explicar la complejidad operativa y funcional de la Arquidiócesis Primada; para entender que, si se implementan cambios, requerirán mucho esfuerzo y muchos meses, para comenzar a ver su real andadura.

 

* Periodista y ex director de la Revista “Vida Nueva” en México

@monroyfelipe

 

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