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Romero: El Obispo de los Pobres

YO QUISIERA HACER UN LLAMAMIENTO DE MANERA ESPECIAL A LOS HOMBRES DEL EJERCITO, Y EN CONCRETO A LAS BASES DE LA GUARDIA NACIONAL, DE LA POLICIA, DE LOS CUARTELES:

Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: NO MATAR… Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios… Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado… La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!

Estas fueron, quizás, las palabras que marcaron el camino hacia el martirio de Mons. Romero, palabras fuertes, llenas de dolor, pero también llenas de una esperanza tan plena que podía convertir los corazones más duros e insensibles. Esas palabras sin duda alguna, sembraron la conciencia y movieron el temor de hombres soberbios y faltos de Dios y, que ante ese temor, decidieron acallar a bala, la voz de aquel que hablaba por los sin voz.

Sin embargo, los asesinos, nunca midieron que la sangre de Romero derramada en plena eucaristía, transcendería las fronteras del tiempo y del espacio para convertirse por siempre en el obispo de los pobres, de los marginados, de los olvidados por los sistemas represores.

Hoy Mons. Romero es Beatificado después de 35 años de su asesinato. Muchos aún dudan de la fuerza pastoral de este hombre de Dios. Pero a lo largo de la vida de Romero, muchos dudaron, la derecha de su tiempo lo criticó y acusó de ser un comunista subversivo que promovía la violencia, y muchos en la izquierda lo tomaron como un estandarte de guerra contra los ricos; lo cierto es que la Voz de Romero está por encima de cualquier consideración ideológica y política, pues él se debía a los pobres y al anuncio del Evangelio.

Por mucho tiempo se mantuvo estancado el proceso de beatificación del obispo de los pobres, hasta que la sabiduría del Papa Francisco reconoció su asesinato como un martirio en defensa de la fe. La beatificación de Mons. Oscar Arnulfo Romero, es el más claro recordatorio de que la fe y la verdad están por encima de la barbarie de la pobreza, de la marginación y de cualquier sistema político, religioso e ideológico que violente los derechos de todos los seres humanos.

Por: Sergio Omar Sotelo Aguilar. SSP.

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