Vaticano

Lamenta “la dramática migración” de los que “huyen de las guerras y de la miseria”

El Papa denuncia las legislaciones de la UE que “impiden a los ciudadanos expresar libremente su fe”

“Las Iglesias y las Comunidades eclesiales tienen el deber de colaobrar para promover la acogida”

El Papa Francisco ha pedido a las Iglesias cristianas de Europa que se levanten con“una sola voz” frente a las leyes que impiden a los ciudadanos expresar libremente su fe y frente a la situación de miles de personas que huyen de las guerras y persecuciones, durante una audiencia en el Vaticano con el Comité Conjunto del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE) y de la Conferencia de las Iglesias Europeas (CCE), que reúne a las otras Iglesias cristianas del continente.

“En la actualidad, las Iglesias y las comunidades eclesiales en Europa deben afrontar desafíos nuevos y decisivos a los cuales se pueden dar respuestas eficaces sólo hablando con una sola voz. Pienso en el desafío que presentan legislaciones que, en nombre de un principio de tolerancia mal interpretado, impiden a los ciudadanos expresar libremente las propias convicciones religiosas”, ha subrayado.

También ha hecho hincapié en la actitud con la que Europa se enfrenta a la “dramática y trágica migración de miles de personas que huyen de las guerras, persecuciones y de la miseria” y ha recordado que “las Iglesias y las Comunidades eclesiales de este continente tienen el deber de colaborar para promover la solidaridad y la acogida”. Asimismo, ha indicado que los cristianos de Europa están llamados a “interceder con la oración y a obrar activamente para traer diálogo y paz en los conflictos”.

En su discurso, el Pontífice ha recordado que el Comité Conjunto del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas (CCEE) y de la Conferencia de las Iglesias Europeas (CCE) tiene como objetivo acompañar el camino ecuménico en Europa “donde comenzaron muchas de las divisiones que todavía existen entre los cristianos”.

En todo caso, Francisco ha destacado cómo las recientes Asambleas Ecuménicas Europeas y la Charta Oecumenica redactada en Estrasburgo en el año 2001, son “motivo de gran esperanza para la superación de las divisiones” aun cuando “es todavía largo el camino hacia la plena comunión entre todos los creyentes en Cristo”.

Según ha apuntado, citando el Decreto conciliar sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio, “la división entre los cristianos daña la santísima causa de la predicación del Evangelio a cada criatura” y ha apuntado que esto es evidente cuando las Iglesias y las comunidades eclesiales en Europa presentan visiones diversas sobre importantes cuestiones antropológicas y éticas. Por ello, ha deseado que no falten ocasiones de reflexión común.

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