Vaticano

“En Pascua ¡cese el fragor de las armas!”, clama Francisco

guerra en pascua

En medio de una intensa lluvia el Papa Francisco celebró la misa de Pascua y en su bendición posterior invocó paz para las zonas de conflicto en el mundo

 

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

Siria e Irak. Libia, Ucrania, Nigeria, Congo, Yemen y Sudán del Sur. En su bendición pascual “urbi et orbi” (a la ciudad y al mundo) el Papa clamó por el fin de la violencia en las zonas de conflicto del mundo. Urgió que “cese el fragor de las armas”. Recordó a los estudiantes asesinados por terroristas en Kenia y pidió libertad para todos los seres humanos, especialmente para las víctimas de la droga y de las organizaciones criminales.

“El amor ha derrotado al odio, la vida ha vencido a la muerte, la luz ha disipado la oscuridad. Jesucristo, por amor a nosotros, se despojó de su gloria divina; se vació de sí mismo, asumió la forma de siervo y se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz”, anunció Francisco tras asomarse al balcón central de la Basílica de San Pedro.

Desde muy temprano, este domingo, miles de personas se congregaron en la plaza vaticana. Para ellos no importó el frío y la lluvia, que a lo largo de prácticamente toda la mañana se abatió sobre la plancha asfáltica. El pontífice premió esa paciencia e inmediatamente después de la misa pascual se concedió a la multitud en un recorrido a bordo del papamóvil.

Pasado el mediodía, en su mensaje pascual, aseguró que la muerte y resurrección de Jesús muestran a todos el camino de la felicidad, un sendero que incluye humildad. Advirtió que sólo quien se humilla puede ir hacia los “bienes de allá arriba”, a Dios. “El orgulloso mira desde arriba hacia abajo, el humilde desde abajo hacia arriba”, aseguró.

Estableció que el mundo propone constantemente la competencia, el hacerse valer, el imponerse, mientras los cristianos tratan de vivir al servicio de los demás, de no ser altivos, sino disponibles y respetuosos. “Esto no es debilidad, sino autentica fuerza”, advirtió.

“Imploremos al señor resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que tengamos el valor humilde del perdón y de la paz. Pedimos a Jesús victorioso que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre, así como de todos los que padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias que se están produciendo y que son tantos”, sostuvo.

Entonces citó algunos conflictos en particular. Pidió rogar por Siria e Irak, para que cese el fragor de las armas y se restablezca una buena convivencia entre los diferentes grupos que conforman estos amados países. Instó a la comunidad internacional a no permanecer inerte ante la “inmensa tragedia humanitaria” dentro de esos países y “el drama de tantos refugiados”.

Imploró la paz para todos los habitantes de Tierra Santa y deseó que crezca entre israelíes y palestinos la cultura del encuentro y se reanude el proceso de paz, para poner fin a años de sufrimientos y divisiones.

“Pidamos la paz para Libia, para que se acabe con el absurdo derramamiento de sangre por el que está pasando, así como toda bárbara violencia, y para que cuantos se preocupan por el destino del país se esfuercen en favorecer la reconciliación y edificar una sociedad fraterna que respete la dignidad de la persona. Y esperemos que también en Yemen prevalezca una voluntad común de pacificación, por el bien de toda la población”, señaló.

Instó a encomendar “con esperanza al señor misericordioso” el acuerdo alcanzado en estos días en Lausana, refiriéndose al compromiso para evitar que Irán pueda construir la bomba atómica. Expresó su interés en que sea un “paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraterno”.

Y prosiguió: “Supliquemos al señor resucitado el don de la paz en Nigeria, Sudán del Sur y diversas regiones del Sudán y la República Democrática del Congo. Que todas las personas de buena voluntad eleven una oración incesante por aquellos que perdieron su vida ―y pienso muy especialmente en los jóvenes asesinados el pasado jueves en la Universidad de Garissa, en Kenia―, los que han sido secuestrados, los que han tenido que abandonar sus hogares y sus seres queridos”.

Se refirió a la “amada Ucrania” y elevó una oración especial por quienes han sufrido la violencia del conflicto de los últimos meses. Realizó una invocación para que el país reencuentre la paz y la esperanza gracias al compromiso de todas las partes interesadas.

Solicitó la paz y libertad para los tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales; para las víctimas de los traficantes de droga, “muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana”. E imploró la paz para este mundo “sometido a los traficantes de armas, que obtienen sus ganancias con la sangre de los hombres y las mujeres”.

“Y que a los marginados, los presos, los pobres y los emigrantes, tan a menudo rechazados, maltratados y desechados; a los enfermos y los que sufren; a los niños, especialmente aquellos sometidos a la violencia; a cuantos hoy están de luto; y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, llegue la voz consoladora del Señor Jesús: Paz a vosotros. No temáis, he resucitado y siempre estaré con vosotros”, sentenció.

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