Iglesia

La clausura en tiempos de redes sociales

órdenes claustrales

¿Cómo cambia la vida de los monasterios de las órdenes claustrales la tecnología?

GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Claustro 2.0. «La tecnología está cambiando la experiencia monacal –explica a Vatican Insider Giuseppe Roma, director general de la fundación Censis. El acceso a las redes sociales y a los medios masivos de comunicación se configura como una evolución de la tradicional vida contemplativa. El compromiso religioso más relacionado con la espiritualidad es considerado un poco fuera del mundo, pero esa distancia acaba de ser colmada por los nuevos instrumentos de la comunicación». De hecho, indicó el profesor Roma, «como sucede con la Iglesia en su conjunto, también las monjas de clausura son permeables a las innovaciones y esto las acerca a la evolución de la sociedad». Es decir, «la virtualidad se integra con la contemplación, enriqueciéndola en lugar de desnaturalizarla», y este resultado ha sido posible gracias a «una serie de filtros de comportamiento que impiden la dependencia que a menudo las redes sociales crean entre los laicos en una época de fuerte secularización». La edad promedio de las monjas de clausura en Europa es de más de 40 años. La edad mínima para ser admitidas al noviciado es de 17, y puede durar uno o dos años; no hay una edad máxima. Entonces, explica el profesor Roma, «la hipercomunicación no hecha raíces en los monasterios y la decisión de vivir apartadas no se ve afectada por el mundo virtual, sino que constituye una vía positiva de contacto con la verdad social».

En el mundo, los monasterios de órdenes claustrales son más de 3.400 y las monjas de clausura son alrededor de 38 mil (más de la mitad vive en Italia y en España). Hay monasterios que pueden tener un centenar de monjas y otros tres, y a menudo muy ancianas. El promedio es de más o menos 12 monjas. Hay un proceso de supresión o fusión de los monasterios de clausura en Europa y en América del Norte, mientras en Asia, África y América Latina todavía se fundan nuevos. La teóloga y biblista Marinella Perroni, que enseña Nuevo Testamento en el Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma, explicó a Vatican Insider: «El universo actual de las monjas contemplativas es muy variado e interesante. Lo que hace la diferencia son las personas y, sobre todo, la abadesa. En algunos casos casi hay una apertura y capacidad de síntesis entre la tradición y la innovación, en una dimensión comunitaria de fuerte transparencia y libertad interior. En otros casos, por el contrario, el deseo de anuación se traduce en una cotidianidad que se niega a nuevas formas de interacción con el exterior. Considero que la televisión y la conexión a internet en los monasterios son signos positivos que pueden convertirse en algo normal en las celdas de las monjas, como el reloj».

La profesora Perroni se ocupa personalmente de una escuela de monjas. «He conocido eremitas capaces de aperturas intelectuales y espirituales de enorme riqueza». Y recuerda que, de cualquier manera, «es muy importante el estudio de la teología, aunque sus comunidades vivan un clima de apertura gracias a la clarividencia de sus abadesas y prioras», subrayó la teóloga. Sin embargo, cuando se habla de clausura en el tercer milenio, normalmente se identifica todavía con un aislamiento absoluto del mundo y del resto de la humanidad, con una vida que transcurre en pocos metros cuadrados, en una celda de clausura, entre la contemplación y la penitencia, sin que la mirada pueda vagar por el horizonte.

No es así, o, por lo menos, ya no es así. Las privaciones, evidentemente, existen, y con ellas la decisión, la vocación, de una vida de sacrificio y de renuncia, en la oración. Pero las condiciones cambian progresivamente. Cada orden tiene su regla y define el tipo de carisma de clausura. Las familias religiosas más numerosas son las clarisas, las carmelitas, las agustinianas, las dominicas, las capuchinas, las benedictinas y las trapistas. Cada monasterio de clausura es una casa autónoma, de la que se ocupa una madre superiora, la abadesa. Y es decisión suya si admitir o no la clausura 2.0.

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